miércoles, 18 de febrero de 2009

Los desaparecidos del EPR

Dos costosos desaparecidos


Emiliano Ruiz Parra 

(Publicado en Enfoque, suplemento de Reforma, el 4 noviembre 2007).- OAXACA.-

 

GABRIEL ALBERTO CRUZ SÁNCHEZ

No quedó una fotografía, una boleta de calificaciones o unos apuntes escolares que testimoniaran el paso de Gabriel Alberto Cruz Sánchez por la casa familiar de Santos Degollado 104, en el centro histórico de Oaxaca. En la década de los setenta, los elementos de la Dirección Federal de Seguridad cateaban la casa, vaciaban los cajones, descolgaban los retratos de las paredes y se llevaban cualquier papel que pudiera aportar algún dato sobre el paradero o la personalidad de los hermanos Tiburcio y Gabriel Alberto Cruz Sánchez. 

Los hermanos Cruz Sánchez eran dos jóvenes que rondaban los 20 años, discretos integrantes del movimiento estudiantil del 68 en Oaxaca, que se convertirían en dos de los hombres más buscados por el gobierno mexicano. Actualmente, la única imagen disponible de Gabriel es una fotografía tamaño infantil que difundió en junio el EPR al demandar su presentación, donde aparece con los 55 años que había cumplido en marzo.

Habían pasado más de tres décadas desde que se despidió en 1971 de Margarita, su hermana menor, con un lacónico "voy a salir, cuida a mamá y a papá", para sumirse en la clandestinidad. En junio pasado, Margarita tuvo que hacer esfuerzos para reconocerlo en esa imagen de internet donde aparece robusto y cincuentón, de frente amplia y con un bigote que no le había visto nunca.

En México, a algunas familias les han beneficiado los parentescos políticos. Los presidentes tienen hermanos incómodos, sus esposas promueven fundaciones y los hijastros hacen negocios. Para los Cruz Sánchez fue al revés. El lazo familiar con dos dirigentes de la Unión del Pueblo, germen del EPR, les costó la desaparición forzada y tortura en los setenta, y provocó que hoy en día se les clasifique en fichas de los servicios de seguridad nacional como "familia vinculada con la subversión". 

El mayor de los hermanos, Tiburcio Cruz Sánchez, asumió el nombre de Francisco Cerezo Quiroz y se convirtió en el dirigente fundador del EPR. También llamado "comandante Francisco", Tiburcio se casó con Florencia Canseco Ruiz, con quien tuvo cinco hijos: Francisco, Emiliana, Héctor, Antonio y Alejandro, a quienes registraron con los apellidos Cerezo Contreras. El séptimo de los nueve hermanos, Gabriel Alberto Cruz Sánchez, nació el 24 de marzo de 1952 en la capital oaxaqueña. En la guerrilla tomó el nombre de Raymundo Rivera Bravo y en los reportes de seguridad nacional a los que tuvo acceso Enfoque no se registra si tuvo hijos. Sus huellas se borran después de que salió de la cárcel de Ixcotel en 1971, en donde estuvo preso acusado de secuestro.

"Entraban y cateaban la casa, vaciaban los cajones, inspeccionaban cada rincón, se llevaban todo. No quedó ni una foto de él. Nos ponían la pistola en la cabeza, a mi hermano pequeño le tocó la represión muy dura... no quiero hablar de eso", pide Margarita. 

Florencia Canseco Ruiz, también fundadora del EPR, recuerda el episodio en una carta escrita a sus hijos Héctor, Antonio y Alejandro Cerezo Contreras, fechada el 12 de agosto de 2004: "A su merced (de la Dirección Federal de Seguridad) quedó la familia de su papá con quienes se ensañaron, pues tiempo después fueron detenidos y torturados dos de sus tíos, secuestrada y violada una sobrina y una amiga, la casa constantemente cateada y siempre vigilada", les escribe desde la clandestinidad. 

Francisco Cruz Sánchez, el menor de los hermanos, fue secuestrado durante seis días y torturado a la edad de 13 años. Un hermano mayor, Casto Eugenio Cruz Sánchez, fue desaparecido en la Ciudad de México, torturado y retenido en el Campo Militar Número Uno. 

"Todos sus hermanos son gente de lucha, hombres de bien, muy dedicados", los recuerda la periodista octogenaria Arcelia Yañiz, amiga de la familia, y ahora coordinadora de bibliotecas del gobierno estatal de Ulises Ruiz Ortiz. 

En la casa Cruz Sánchez la Biblia se leía cada tercer día. La formación religiosa, sin embargo, no impediría que Gabriel Alberto y Tiburcio Cruz Sánchez se convirtieran, según una ficha de los servicios de inteligencia del Estado mexicano, en expertos en "fabricación de artefactos explosivos y manejo de armas", además de promotores de la revolución socialista, como el EPR se define a sí mismo en su página de internet. 

Las claves de su "conversión" están en el movimiento de 1968, que impactó en Oaxaca y convirtió a los estudiantes en el eje de los movimientos sindicales, populares y gremiales de las siete regiones del estado. En la Universidad Benito Juárez de Oaxaca (UBJO) se crean los comités de lucha y los estudiantes se van a huelgas y movilizaciones en solidaridad con el movimiento en la Ciudad de México.

A la presidencia de la Federación de Estudiantes Oaxaqueños (FEO), que históricamente había estado bajo control del priismo, llega José Antonio Castillo Viloria, un integrante de la izquierda revolucionaria que la vincula con los movimientos sociales y populares. La vanguardia estudiantil funda la Coalición Obrero, Campesina y Estudiantil de Oaxaca (COCEO) y se organiza en brigadas que forman sindicatos e impulsan movimientos campesinos y populares.

Son años en donde dirigentes priistas de hoy, como Heliodoro Díaz Escárraga, invadían tierras en Zimatlán y Cuilápam para hacer valer resoluciones presidenciales. En el 2005 Díaz Escárraga sería presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, y en el 2007 líder del PRI en el estado; a finales de los sesenta fue compañero de los Cruz Sánchez en aquel movimiento estudiantil. 

Los estudiantes se plantearon cómo incidir en los movimientos populares y se extendieron a la Costa, al Istmo y a la Cuenca del Papaloapan. En esas brigadas participan Tiburcio y Gabriel Alberto Cruz Sánchez. Sus ex compañeros los recuerdan como dos jóvenes reservados, de pocas palabras, que cumplían con sus tareas políticas y mantenían sus estudios. Tiburcio estaba ya en la Facultad de Derecho mientras Gabriel Alberto terminaba la preparatoria en el turno vespertino. 



La ruta de la clandestinidad

La represión al movimiento estudiantil oaxaqueño empezó en 1970 con el asesinato del estudiante Erudiel Gastón, atribuido a grupos porriles al interior de la Universidad Benito Juárez. En respuesta a su muerte, jóvenes de izquierda retuvieron durante algunas horas a un líder del sector juvenil del PRI y profesor de la Facultad de Derecho, Sadot Sánchez Carreño, quien 29 años después llegó al Senado, donde presidió la Comisión de Derechos Humanos. 

A los militantes de izquierda no les dio tiempo de plantear exigencias porque la policía descubrió de inmediato la casa en donde estaba retenido Sánchez Carreño y aprehendió a los dos presuntos secuestradores: Jorge Vera y Gabriel Alberto Cruz Sánchez. A la presidencia de la FEO llega Raúl Castellanos, un dirigente moderado que pondría en la mesa de negociación la libertad de Cruz Sánchez y Jorge Vera, junto con la reivindicación principal del movimiento: la autonomía universitaria. 

Una tarde soleada de 1971, al filo de las 16:00 horas, Raúl Castellanos acudió en un Volkswagen sedán al penal de Ixcotel, para recoger a los recién liberados Jorge Vera y Gabriel Alberto Cruz Sánchez. En el Volkswagen fueron a la preparatoria de la Universidad Benito Juárez de Oaxaca. Caminaron hacia el gimnasio ubicado al fondo de un taller de carpintería, donde un grupo de estudiantes festejó su liberación. En el mismo coche, Castellanos fue a dejar a Jorge Vera a San Francisco Tutla. Gabriel Alberto ya no quiso aventón y se fue con Bucho, como se le conocía a su hermano mayor. Fue la última vez que participó en un acto público. La autonomía y la libertad de Vera y Cruz Sánchez se había concedido a cambio de gobernabilidad en la recién rebautizada Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO).

A partir de 1971 Gabriel Alberto y Tiburcio Cruz Sánchez se sumen en la clandestinidad. En 1974 estallan petardos en el periódico El Gráfico y se desata la "Guerra Sucia" en Oaxaca. Se inicia la persecución a la familia de los hermanos Cruz Sánchez y a otras familias que tuvieran vínculos con luchadores sociales. 

La casa del rector de la UABJO, Felipe Martínez Soriano, también fue cateada y su familia torturada. Otro caso de hostigamiento lo padecieron los Círigo Vásquez (actualmente, uno de ellos, que adoptó el nombre de René Arce Islas, es el principal impulsor de una comisión de intermediación con grupos armados en el Senado de la República). 

Manuel Ángel Círigo Vásquez fue asesinado en 1975 por policías judiciales, según un reporte de inteligencia, mientras que Francisco Javier Círigo Vásquez fue linchado en el Istmo después de repartir propaganda. El sociólogo Víctor Raúl Martínez, historiador de los movimientos populares en Oaxaca, recuerda el "banderazo" a la represión que dio el gobernador Manuel Zárate Aquino en su toma de posesión en 1974: "Gobernaré seis días, seis semanas, seis meses o seis años, ¡pero gobernaré!" En efecto, Zárate Aquino tuvo que renunciar en marzo de 1977 después de reprimir a balazos una movilización estudiantil en donde fallecieron dos manifestantes. 

Gabriel Alberto, con su hermano Tiburcio, se afilió a la Unión del Pueblo, la organización seminal del EPR, que luego se fusionaría con el Partido de los Pobres de Lucio Cabañas. Ya como dirigentes de la Unión del Pueblo, Gabriel Alberto y Tiburcio acudieron en 1972 a una reunión en casa de una profesora de teatro, en donde se encontraron con los dirigentes del Bufete Popular Universitario para hacer un pacto de no agresión. Ahí Tiburcio se despidió de algunos profesores, a quienes les dijo que había recibido entrenamiento en Corea del Norte.



Lo reclaman vivo

Con desgano porque los sacaba de los juegos, varias veces a la semana los hermanos Cruz Sánchez recibían la llamada de su padre, Antonio Cruz Palma: "muchachos, vengan para acá": así los llamaba a la mesa para escuchar sus comentarios a la Biblia. Don Antonio se había convertido en un predicador que organizaba grupos de estudio bíblicos en el centro de Oaxaca. A pesar de ser católico, aceptaba invitaciones a templos protestantes para comentar pasajes del Evangelio. 

En su juventud había sido mesero y cantinero de los hoteles Marqués del Valle y Montealbán, en donde lo recuerdan porque bebía poco, le gustaba bailar y era "platicón". Ahí, fue líder sindical de los trabajadores hoteleros. Con nueve hijos que mantener, se jubiló joven para abrir una mueblería en la casa de Santos Degollado. En esa casa crecieron los Cruz Sánchez, en una familia a donde llegó la televisión con las Olimpiadas de 1968, y los hermanos mayores, aun los que ya se habían salido de la casa, contribuían al gasto familiar.

De niño, a Gabriel Alberto le tocaba lavar los trastes, tarea que apuraba para leer cuentos infantiles como La pequeña Lulú y salir a jugar beisbol a la calle. Su hermana Margarita lo recuerda como un estudiante disciplinado, con quien jugaba a los títeres y visitaba los teatros itinerantes que acudían a la ciudad. Era delgado y le gustaba hacer pesas y boxeo. A Margarita la impelía a seguir estudiando aunque también la regañaba si se ponía maquillaje. 

Cuando aprendió a manejar, Gabriel Alberto ayudaba a su padre a llevar los muebles a los domicilios. Margarita no alcanzó a conocerle novias, ignora si le ha dado sobrinos ni supo tampoco si estudió alguna carrera universitaria. Después de la represión de los setenta, la familia Cruz Sánchez se empeñó en hacer una vida normal. Casto Eugenio se hizo actor; con la dirección de Alejandro Bichir, representó a Pável en La Madre, de Máximo Gorki. Su actuación le valió que Gloria Ruiz de Bravo Ahúja, esposa del entonces secretario de Educación, lo promoviera para estudiar en Bellas Artes. Actualmente se dedica al teatro y a la abogacía en La Laguna. 

Margarita se hizo podóloga y atiende con una hermana un consultorio en el centro de Oaxaca; dos hermanas más instalaron peluquerías y Francisco, el hermano menor, es gerente de una sucursal bancaria. Margarita tardó dos meses en juntar valor para reclamar la reaparición de Gabriel Alberto. La animó la conducta de Nadin Reyes Maldonado, hija de Edmundo Reyes Amaya, quien había salido un mes atrás a demandar públicamente la presentación de su padre. 

"Si mamá viviera luego luego se hubiera lanzado", se dijo a sí misma.

Yéssica Sánchez Maya, presidenta de la Liga Mexicana de Defensa de los Derechos Humanos (Limeddh), refiere que, después de los ataques del EPR a instalaciones de Pemex, las familias Cruz Sánchez y Reyes Maldonado han sufrido acoso en sus centros de trabajo por elementos que se identifican como agentes de la Procuraduría General de la República, que acuden a tomarles fotografías. 

La defensora de derechos humanos afirma que la presunta desaparición forzada es una consecuencia de que en Oaxaca se rompiera el Estado de Derecho con la represión al movimiento magisterial y popular de 2006. Para el caso de Gabriel Alberto Cruz Sánchez y Edmundo Reyes Amaya, la Limeddh obtuvo un amparo donde el Poder Judicial ordena a las autoridades estatales y federales -incluida la Presidencia de la República- presentarlos con vida.

El siguiente paso de la estrategia jurídica, una vez que las autoridades respondieron que no los tenían en su poder, consiste en demandar penalmente al Estado ante cortes internacionales por la presunta desaparición forzada. 


EDMUNDO REYES AMAYA

Mientras Gabriel Alberto aparece en los documentos de seguridad nacional como el sucesor de su hermano Tiburcio en el liderazgo del EPR, no hay ni una mención de Edmundo Reyes Amaya, el otro desaparecido que reclama la organización guerrillera. 

A su familia no le queda claro qué papel le tocaba jugar al lado de Gabriel Alberto a un hombre de 57 años, delgado, de un metro y 52 centímetros de estatura que se ganaba la vida en una tiendita de abarrotes de Ciudad Nezahualcóyotl. Según su hija, Nadin Reyes, nunca les había hablado del EPR, de Gabriel Alberto Cruz Sánchez o de Raymundo Rivera Bravo. 

"Entre tu papá y yo no había secretos, lo agarraron por equivocación", le dijo su madre Lucina Maldonado cuando el EPR lo reivindicó como uno de sus miembros y demandó su presentación con vida. Hasta antes de su desaparición, Edmundo pasaba las 24 horas del día pegado a su familia. En la mañana abría la tienda "Lalito" de la colonia Pavón; al mediodía iba a las abarroteras de la zona por costales de azúcar, arroz, comida de perro, sopas de pasta, cremas y quesos. Unos meses atrás había comprado un diablito con el que se ahorraba los 30 pesos del taxi. 

La militancia de Edmundo Reyes Amaya, desconocida por su familia, se ajustaría en todo caso a las normas de seguridad del EPR publicadas en su página de internet. "No hacer alarde de militancia, desempeñar las tareas sin que gente extraña al grupo en que se milita sepa, y en el caso de que se den cuenta de alguna actividad, que no sepan exactamente de qué se trata", sostiene. 

Los rasgos de personalidad de Edmundo que empatarían con los principios de seguridad del EPR son cualidades que podría tener una persona de cualquier oficio: era puntual, no bebía, no fumaba, no demostraba ira y no le gustaba festejarse. "Desempeñar las labores profesionales o estudiantiles habituales y tener lista la coartada para el paso a la clandestinidad", sigue el EPR en las normas a sus miembros.

Autodidacta, Edmundo Reyes Amaya aprovechaba los tiempos libres de la tienda para leer. García Márquez y Saramago eran sus preferidos. En sus aficiones cinematográficas destacaba el gusto por Gladiador y Corazón Valiente. Nadin asegura que en su casa no había libros de marxismo, y desde hacía unos años su padre se había interesado por la psicología para ayudar a su esposa, quien padece de depresiones. Eso sí, recuerda que no votaba por ningún partido. 

Nacido en San Pablo Huixtepec, Oaxaca el 10 de noviembre de 1949, en su acta de bautismo aparece como Edmundo, aunque en el registro civil es Andrés. Fue el mayor de 10 hermanos de una familia en donde sólo alcanzó para que terminara la primaria. Su infancia y su juventud transcurrieron entre Oaxaca y la Ciudad de México, en donde fue albañil, cargador y obrero. En 1976 se casó con Lucina y con ella vivió de vender ropa en los pueblos de los Valles Centrales de Oaxaca. Se mudó con su familia a México cuando su hijo mayor tenía 15 y la menor 12 años. 

En la capital del país, la familia empezó a prosperar con un puesto de memelas y quesadillas que instalaba afuera de su casa, pero que prefirió cerrar porque el trajín alteraba la salud de su mujer, a quien le habían detectado una enfermedad de los nervios, y la cambió por la más relajada tienda de abarrotes. Su único lujo era el beisbol. De joven había sido catcher en Los Astros y en Los Delfines en ligas amateurs de Oaxaca y el Distrito Federal. Coleccionaba gorras de beisbolista, tenía un bat y una manopla con la que jugaba con su hijo mayor. Los fines de semana iba con sus hijos a ver los juegos de Ciudad Deportiva. 

Su familia sólo lo perdía de vista cuando iba a ver a sus padres a Oaxaca. Así ocurrió el 23 de mayo, que se despidió de beso de Lucina y Nadin con el compromiso de volver el 30 de ese mes. "El 25 de mayo en Oaxaca detienen-desaparecen a Edmundo Reyes Amaya y Raymundo Rivera Bravo o Gabriel Alberto Cruz Sánchez, compañeros de nuestro partido. Durante 10 días los tuvieron en la procuraduría del estado de Oaxaca, siendo golpeados despiadadamente, hasta fracturarlos, y eso lo sabía el procurador de justicia del estado, Evencio Nicolás Martínez Ramírez, (y) Miguel Angel Quezada Colombo, coordinador regional de la PFP en Oaxaca, y también tenía conocimiento Francisco Garduño Juárez, coordinador regional de la AFI, y desde luego, aunque lo niegue mil veces, el gobernador Ulises Ruiz, que hoy haciéndose el ingenuo negocia con algunos miembros de la APPO la libertad de algunos presos", acusaría el EPR en un comunicado fechado el 10 de julio. 

Dos costosos desaparecidos

 

La presunta desaparición del ex líder estudiantil y del abarrotero de Ciudad Nezahualcóyotl provocó pérdidas por miles de millones de dólares. Al demandar su presentación con vida, el EPR atacó instalaciones de Petróleos Mexicanos en cuatro estados de la República. Según un reporte de la consultora estadounidense IPD Latin American, sólo el sabotaje del 10 de septiembre en Veracruz costó mil millones de dólares. 

A eso habría que sumar mil 200 millones de dólares que perdió la industria en los seis días en los que dejó de recibir el suministro de gas, la suspensión del servicio en ocho plantas de la Comisión Federal de Electricidad y la evacuación de 20 mil personas de sus comunidades. Las primeras explosiones, ocurridas en Guanajuato y Querétaro el 5 y 10 de julio, causaron pérdidas de mil millones de pesos diarios tan sólo en la industria del estado de México. 


La conexión con los Cerezo

"La vida afuera va a ser bien difícil, por lo que se ve", escribe Antonio Cerezo Contreras a su amiga Alejandra Rivera en una carta fechada el 6 de septiembre de 2007 en el penal de máxima seguridad de El Altiplano. Para entonces, ya habían pasado cuatro meses desde que el EPR reclamara la reaparición de dos de sus militantes y se habían dado las dos primeras explosiones en instalaciones de Pemex. 

Los hermanos Cerezo Contreras no son ajenos a la cadena de acontecimientos que desató la presunta desaparición de Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Cruz Sánchez, quien es considerado sucesor de su hermano mayor, Tiburcio, en el liderazgo del grupo armado. 

Héctor, Antonio y Alejandro Cerezo Contreras fueron detenidos el 13 de agosto de 2001 en su casa de Xochimilco, en donde se suponía que vivía su padre, Francisco Cerezo Quiroz, cuyo nombre de registro civil es Tiburcio Cruz Sánchez, identificado por servicios de inteligencia gubernamentales como el dirigente fundador del Partido Democrático Popular Revolucionario-Ejército Popular Revolucionario (PDPR-EPR). 

A los hermanos Cerezo Contreras se les acusó de las detonaciones de petardos en puertas de vidrio de sucursales de Banamex en el Distrito Federal, ocurridas el 8 de agosto de 2001, reivindicadas por un grupo guerrillero escindido del EPR: las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo (FARP). 

A pesar de que fueron absueltos por daño en propiedad ajena y transformación de artificios, Héctor y Antonio recibieron una condena de siete años y medio por terrorismo, asociación delictuosa y almacenamiento de armas, cartuchos y artificios. Alejandro, que llegó a La Palma a los 19 años, fue exonerado y liberado a los 22. 

En una carta a sus hijos fechada el 12 de agosto de 2004 desde la clandestinidad, Emilia Contreras Rodríguez -cuyo nombre oficial es Florencia Canseco Ruiz- recuerda que en 1972 decidió, con Tiburcio, dejar la casa familiar en Oaxaca ante el asedio de los agentes de la Dirección Federal de Seguridad. 

"Tomé la decisión de que cambiaría nuestra vida para siempre, me alejé de mis papás, mis hermanos, mis amistades, de la familia de papá (Tiburcio Cruz Sánchez) para buscarlo, reunirme con él y protegernos de la persecución del gobierno, con la falsa esperanza de que al ya no estar con la familia, ésta estaría a salvo por no saber más de nosotros. El que nos hubiésemos alejado de nuestros seres queridos nos protegió a nosotros pero no a ellos, que sufrieron como tantas familias la represión por el hecho de ser familiares", reflexiona en la misiva. 

Los Cerezo Contreras -sobrinos carnales de Gabriel Alberto Cruz Sánchez- crecieron en la colonia Peña Alta de San Juan Ixtayopan, de la delegación Tláhuac del Distrito Federal. Como el resto de colonos, eran invasores de propiedades federales. Sus padres, Francisco Cerezo y Emilia Contreras, se convirtieron en los líderes comunales para gestionar la regularización de la tierra, el agua, trazar las calles y construir la iglesia. 

"Nos cobran el ser hijos de quienes somos, el que no reneguemos de ellos y públicamente nos declaremos orgullosos de nuestros padres. A mis padres les cobran los años que llevan luchando, a su manera, contra el Estado", afirma Antonio en una carta a Alejandra Rivera -militante del Partido Obrero Socialista- fechada el 4 de febrero de 2005. 

En el archivo epistolar de Alejandra Rivera, de más de 40 cartas que abarcan de 2002 a 2007, los hermanos Cerezo Contreras reafirman su convicción en la revolución socialista, inquieren y opinan sobre Andrés Manuel López Obrador, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, las teorías de Lenin, Stalin y Trotsky, además de que hablan de los cuentos, novelas y poemas escritos en la reclusión. 

"Como faltan 20 meses para salir le he puesto un mes a cada dedo de los pies así que éste es el mes del dedo más pequeño del pie izquierdo... se nota que me falta la tele, ¿no? No pierdo el optimismo ni las ganas de continuar luchando por un mundo mejor, por un mundo socialista, ¿sabías que a veces canto La Internacional para motivarme? Lo hago en voz baja, pero con todo el corazón", le escribe Héctor el 25 de diciembre de 2006. 

A pesar de que están en el mismo penal federal, los hermanos Héctor y Antonio Cerezo no se ven porque están recluidos en diferentes módulos. Después de la desaparición de su tío Gabriel Alberto y los ataques del EPR, el Comité Cerezo recibió anónimos en su correo electrónico. 

"Vas a negociar Tiburcio? la muerte o vida o libertad de tu hermano Gabriel? la salida de la c^rcel de tus hijos? vas a dejar las armas? la tranquilidad de las familias cruz sanches, canseco ruiz y los arce c"rigo? vas a dialogar con el senado? vas a dialogar con tu pueblo? la tranquilidad de tus hijos? Te aconsejamos que es lo que puedes hacer: sigue poniendo bombas (sic)", señalaba uno de los correos por el que los Cerezo interpusieron una demanda ante la PGR por amenazas. 

"La semana pasada fui a juzgados. Vino la PGR a tomarnos una declaración respecto a las amenazas contra mis hermanos y contra nosotros mismos. Pude ver a Toño y pudimos platicar un rato y hasta darnos un abrazo. Me alegró mucho verlo, teníamos como tres años de no estrechar nuestras manos. Nos transmitimos fortaleza y cariño", cuenta Héctor en una carta fechada el 12 de agosto pasado. 

Sometidos al régimen de máxima seguridad, los Cerezo Contreras pueden recibir correspondencia, pero si en las cartas se adjunta algún impreso o dibujo, se les castiga con 15 días de aislamiento. Héctor cuenta que, camino a los juzgados, vio a Felipe Álvarez, líder de San Salvador Atenco, pero sólo lo pudo saludar con una ceja, pues si le hubiera hecho una seña con la mano o si le hubiera hablado, el aislamiento hubiera sido de 30 días. Los Cerezo, cuya condena se cumple en febrero de 2009, cierran sus cartas con una consigna: "¡Presos hoy, libres siempre!".

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