sábado, 15 de enero de 2011

Alejandro Encinas: El delfín de AMLO (perfil publicado en Enfoque, Reforma, el 9 de marzo de 2008)

La biografía de Alejandro Encinas resume las contradicciones por las que atraviesa el PRD: es un conciliador que adopta posiciones radicales para estar cerca de Andrés Manuel López Obrador; un ex comunista que facilita la relación de su partido con el empresario Carlos Slim; un militante fichado por el régimen priista que cultivó una fecunda amistad con Luis Donaldo Colosio; un político que hizo carrera en el estado de México -donde fue candidato a gobernador- a pesar de que mantiene su residencia en el Distrito Federal y un deportista de juventud que ahora pesa 108 kilogramos.
Alejandro Encinas ha recorrido los caminos de la izquierda partidaria. Fue militante del Partido Comunista, fundador del PSUM, del PMS y el PRD.
En el Sol Azteca ha estado cerca de Porfirio Muñoz Ledo, Amalia García, Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador. Este último lo rescató en el año 2000 de la derrota electoral para jefe delegacional en Álvaro Obregón y lo nombró secretario de Desarrollo Económico de la ciudad.
Durante cinco años en los que fue su subordinado, entre 2000 y 2005, Encinas consolidó una relación política con López Obrador que mantiene hasta ahora.
Tras el paso por la subsecretaría y la secretaría de Gobierno, el 2 de agosto de 2005 se convirtió en jefe de Gobierno interino. Su inclusión al gabinete de López Obrador era un hecho si el tabasqueño hubiera ganado las elecciones presidenciales.


El más socialdemócrata

"Es un moderado que por pragmatismo toma una plataforma ultra", señala Fernando Belaunzarán, de Nueva Izquierda. Otro dirigente de esa corriente, que pide omitir su nombre por ostentar un cargo partidario, define a Encinas como "el más socialdemócrata de los que teníamos" y recuerda que en 1999 participó en un foro de discusión celebrado en Tlaxcala, convocado para discutir la fundación de Nueva Izquierda.
Pero Encinas decidió no pertenecer a ninguna de las tribus del PRD. En un partido en donde las corrientes se reparten los cargos y forman partidos al interior del partido, prefirió tener perfil propio.
Su principal activo político ahora es el respaldo de López Obrador. El apoyo, sin embargo, llegó con el lastre de los grupos incondicionales al "presidente legítimo", como Izquierda Democrática Nacional (IDN), dirigida por René Bejarano, la cual presionó a Encinas para nombrar a Dolores Padierna candidata a secretaria general, a lo que se negó Encinas.
"Una de las condiciones que he planteado a mis compañeros es que tenemos que hacer un rediseño de toda nuestra vida institucional. Llegó a su fin el ciclo de la vida tribal del PRD. Necesitamos fortalecer al partido que lamentablemente ha estado subordinado a las corrientes. Yo, estando en la presidencial nacional, no voy a apoyar ni a fortalecer a ninguna", promete el candidato.


'Nosotros la perdimos'

Encinas no se siente cómodo con los calificativos de socialdemócrata o dialoguista. Prefiere definirse de " izquierda democrática", la cual, dice, viene de atrás. Pone como ejemplo 1986, cuando defendió el triunfo electoral del PAN en Chihuahua.
"Nosotros no avalamos el 'fraude patriótico' (a favor del PRI) como lo hizo el PST", sostiene acerca de la organización en donde militaba Jesús Ortega.
- Sus compañeros lo definen como un socialdemócrata, dialoguista, conciliador, ¿estar cerca de López Obrador no lo pone en contradicción con esta línea política?
- ¿Con mi perfil y mi personalidad política? Creo que no. Más que dialoguista, socialdemócrata, me considero un hombre de izquierda democrática. Por el contrario, creo que no he perdido mi capacidad para mantener relaciones muy diversas respetando la pluralidad que existe en mi partido y en el país.
- ¿Será Encinas un representante de López Obrador en la presidencia del PRD?
- No, López Obrador y yo somos parte de un mismo equipo y un mismo proyecto. En todo caso podemos estar impulsando un mismo proyecto político pero cada quien cumpliendo sus responsabilidades plenamente. Yo seré el único responsable de mis decisiones y de mi actuación al frente del partido.
En diciembre de 2006 Encinas anunció que escribiría un libro donde "sería implacable" en las críticas a la campaña de López Obrador. "No nos ganaron (la elección), nosotros la perdimos", adelantó a Reforma el 3 de diciembre de ese año. Pero el libro se quedó en el tintero.


El teléfono rojo

Si hay un momento del que se enorgullece Encinas es del 15 de septiembre de 2006. Por primera vez en la historia se temía que hubiera dos gritos en el Zócalo capitalino: el de Vicente Fox desde el balcón del Palacio Nacional y el de López Obrador en un templete en la plancha. Cada parte había dispuesto decenas de bocinas y amplificadores que sonarían al mismo tiempo. Ninguno estaba dispuesto a ceder.
Dos días antes, el 13 de septiembre, se trató de buscar una solución en la Secretaría de Gobernación. El subsecretario de Gobierno federal, Arturo Chávez, se reunió con el secretario de Gobierno de la ciudad, Ricardo Ruiz, uno de los hombres más cercanos a Encinas. La reunión se puso ríspida cuando el general Jorge Cuevas, subjefe operativo del Estado Mayor Presidencial, cuestionó que López Obrador pretendiera dar su propio grito.
-¡Pareciera que va a haber dos gritos! -reclamó el militar.
-El trabajo de esta comisión es asumir que habrá dos gritos y que no haya conflictos -respondió Ruiz.
La confrontación escaló esa noche, cuando el Estado Mayor pretendió ganar a los perredistas el arroyo vehicular que separa la plancha del Zócalo del Palacio Nacional. Los perredistas acamparon en la calle y ganaron el espacio.
En adelante, la solución dependió de Encinas y del secretario de Gobernación, Carlos Abascal. Durante todo el día intercambiaron llamadas por el teléfono rojo, el que nunca usó López Obrador y que ahora tampoco levanta Marcelo Ebrard.
Una llamada más ayudó a destrabar la situación: el general secretario de la Defensa, Clemente Vega, pidió a ambas posiciones bajar el tono de la confrontación. Vicente Fox cedió: daría el grito en Dolores Hidalgo, siempre y cuando López Obrador también se desistiera.
La condición del tabasqueño era que Encinas encabezara el grito. Desde el balcón del Ayuntamiento, con una campana colgada de una grúa, Encinas gritó "¡Viva la soberanía popular!" mientras Abascal, a su lado, recibía una rechifla.
"Tan no he perdido ese perfil (conciliador) que fui el único que mantuvo una interlocución permanente hasta el final en el gobierno de Fox en el momento más crítico en la historia reciente. Tuve la oportunidad y capacidad para resolver una de las más difíciles crisis políticas estando al frente de la Jefatura de Gobierno sin que se rompiera un solo cristal y sin que se desatara violencia, que hubiera generado quizá un conflicto mayor en todo el país", presume.


La oferta de Fox

Dos veces ha recibido invitaciones para incorporarse a gobiernos no perredistas: en 1994 y en 2000. El último regente priista, Óscar Espinosa Villarreal, lo quería al frente de la Secretaría del Medio Ambiente. El primer Presidente de la alternancia, el panista Vicente Fox Quesada, le ofreció en noviembre de 2000 encabezar la misma dependencia a nivel federal.
El día que recibió la oferta, Encinas acudió a consultarlo a casa. Citó a sus amigos Ricardo Ruiz y Manuel Crisóstomo en su domicilio de Las Águilas, al poniente de la Ciudad de México. La primera en oponerse fue su esposa, María Nájera: "¿qué vas a hacer ahí?, ¿a que te ahorquen con el presupuesto?, ¿a que te marginen?", replicó. Sus dos colaboradores coincidieron en que la propuesta pretendía debilitar al PRD.
"Si hubiera habido un planteamiento que involucrara a mi partido sobre la lógica de conformar un gobierno de transición con un programa compartido probablemente hubiera aceptado. Pero es difícil aceptar una invitación para conducir una casa que no es de uno", reflexiona a ocho años de distancia.


Fichado por el Grupo Atlacomulco

El Partido Comunista apenas se había legalizado cuando Encinas entró a sus órganos de dirección en el estado de México, a fines de los setenta. La represión era una constante para los jóvenes de izquierda.
Encinas entró en 1980 a la Universidad Autónoma de Chapingo a impartir cursos de actualización de profesores. Se afilió al sindicato y obtuvo el cargo de secretario de Trabajo y Conflictos, desde donde promovió una huelga y se vinculó con los movimientos obreros de las fábricas de los municipios conurbados.
Hoy, al municipio de Ecatepec de un millón 600 mil habitantes lo gobierna un simpatizante de Encinas, el perredista José Luis Gutiérrez Cureño. En 1980, cuando Encinas era el encargado de su partido en ese municipio, había una sola célula comunista, integrada por la familia López.
A los 25 años, además de asistir a las reuniones políticas, su labor como militante consistía en vender el periódico del partido en los portales de Toluca y a las puertas de las fábricas.
En una de esas jornadas, recuerda un compañero de aquellas faenas, los detuvieron y los sometieron a bordo de una camioneta. Les pusieron el cañón del rifle en la nuca y los amenazaron con trasladarlos al Campo Militar Número Uno.
A pesar de la represión, Encinas forjó ahí su carácter dialoguista. Como integrante de la dirección estatal del PSUM acudía a las reuniones con los funcionarios de los gobernadores Alfredo del Mazo e Ignacio Pichardo Pagaza.
En una reunión con el subsecretario de Gobierno, Gerardo Ruiz Esparza, Encinas preguntó: "¿A poco sí nos tienen fichados?" Condescendiente, Ruiz Esparza -ahora secretario de Comunicaciones de Enrique Peña Nieto- les mostró gruesos expedientes.
En las fotografías aparecían rodeados en círculos y apuntados con flechas. Se indicaba las fechas de las reuniones, sus encuentros con dirigentes nacionales, sus actividades en sindicatos y colonias.
En 1993 Encinas se enfrentó cara a cara con el Grupo Atlacomulco. Fue candidato a gobernador del estado de México contra Emilio Chuayffet. Desde ahí resintió la división en el PRD. En las poblaciones donde los grupos perredistas estaban inconformes con su candidatura los mítines eran de 30 personas.
En 2006, a su salida de la Jefatura de Gobierno, anunció que cambiaría su domicilio electoral a Texcoco. De ganar la presidencia del PRD, obtendría el impulso para disputar nuevamente la gubernatura en 2011.


El amigo de Colosio

La nochebuena de 1985 falleció el histórico líder ferrocarrilero Demetrio Vallejo, quien había sido electo diputado a la LIII Legislatura, y la curul la ocupó su suplente, el joven dirigente Alejandro Encinas, quien iniciaría ahí una amistad con el diputado priista Luis Donaldo Colosio.
"Tuvimos una muy buena relación que nació de nuestro trabajo parlamentario. Siempre mantuvimos una relación de mucho respeto y si bien no teníamos las mismas posiciones políticas, construimos una muy buena relación de amistad", recuerda.
Regresó a la Cámara de Diputados en 1991 y presidió la Comisión de Asentamientos Humanos y Obras Públicas. Promovió una Ley General de Asentamientos y convenció a Colosio, secretario de Desarrollo Social, de que la iniciativa la presentaran los diputados en vez del Ejecutivo. Fue de las pocas que obtuvieron unanimidad en el salinismo.
"Tuvo muchas implicaciones políticas. Me importaba sacar una ley desde una de las primeras comisiones que presidíamos desde la izquierda. Él por supuesto tenía interés como parte de su posicionamiento hacia la sucesión presidencial", dice.


El 'fullback'

En el futbol americano, el fullback es la pieza que rompe las líneas defensivas y abre el paso al corredor más veloz, al que anota los touchdowns. En los equipos universitarios de la preparatoria 8 Encinas jugaba esa posición.
El mayor de cuatro hermanos, la infancia de Encinas transcurrió en la colonia San Miguel Chapultepec, en un departamento de la calle Gelati donde ahora vive su hermana Carmen.
En la Facultad de Economía de la UNAM, Encinas inició su militancia en el Grupo Estrategia, dirigido por los marxistas Fernando Carmona, Alonso Aguilar y Jorge Carrión.
La única vez que se ha rasurado fue en enero de 1980, cuando tramitó la credencial de la Universidad de Chapingo. A los 22 años su barba era larga y castaña. Hoy la luce recortada y la edad la ha teñido de gris.
En su oficina de la Fundación para el Fortalecimiento de los Gobiernos Locales, que preside, reposan las obras completas de Benito Juárez, las novelas de Julieta Campos y libros de medio ambiente y desarrollo sustentable.
En su escritorio deja su computadora portátil y a las giras se lleva una agenda electrónica. Para escribir prefiere las plumas fuente, que recarga con tinta sepia.
Comedor de fritangas, quesadillas y tostadas, devorador de carnes, Encinas bebe poco: dos o tres cubas de bacardí blanco para acompañar la comida o coca cola de dieta.
Sus gustos musicales son los boleros, el jazz y el blues, en especial Muddy Waters, y es aficionado al cine. Cuando se libera de la política opta por los viajes: Taxco, San Cristóbal de las Casas, la reserva de Montes Azules.
El próximo domingo, el fullback deberá romper una línea defensiva integrada por las corrientes perredistas que se oponen a López Obrador. Está seguro de ganar.
"Si ser radical es resolver los problemas de raíz, entonces soy radical", afirma.

Suplemento Enfoque, Reforma, 9 de marzo de 2008

1 comentario:

  1. Demasiadas flores... tambien hay que reflejar la parte negativa, todos tenemos una.

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