viernes, 1 de abril de 2011

Samuel Ruiz García

“Desde Fray Bartolomé de las Casas nadie ha hecho tanto por los indígenas como don Samuel Ruiz García”, me dice Raúl Vera López acerca del obispo de grandes lentes de pasta y crucifijo de madera, que llevaba en el morral el Nuevo Testamento y en la mano un sleeping bag para volver menos agrestes las noches en la selva. Tímido para sonreír, reflexivo y pausado con las palabras, a don Samuel no le gustaba hablar de sí mismo, nunca levantaba la voz, pero con la misma calma con la que estudiaba la Biblia enfrentaba la muerte: en visitas pastorales se cayó dos veces del caballo, chocó otras tantas y, en una ocasión, se desplomó la avioneta en la que viajaba tras el despegue. Y así como no lo amedrentaron las costillas y clavículas rotas tampoco se arredró frente a las amenazas. Si un feligrés requería su presencia a medianoche, Samuel Ruiz acudía al llamado aun cuando el riesgo de un atentado contra su vida fuera particularmente alto y no pudiera acompañarlo nadie.

Sus padres, Maclovio y Guadalupe, se conocieron en la pizca al otro lado de la frontera. De acendrado fervor católico, se establecieron en Irapuato, pusieron una tienda de abarrotes y tuvieron cinco hijos, Samuel el primero en 1924. Alumno brillante desde el noviciado, fue enviado a Roma, en donde pasó nueve años y se doctoró en Sagradas Escrituras. De vuelta a México, cuando dirigía el Seminario de León, se convirtió en uno de los obispos más jóvenes en la historia del país. A los 35 años tomó posesión de la que entonces se llamaba diócesis de Chiapas, de 76 mil kilómetros cuadrados y 13 sacerdotes –tan sólo la parroquia de Ocosingo abarcaba un territorio mayor que El Salvador. Apenas un año antes, en 1958, la explotación en Los Altos de Chiapas había sido retratada con maestría por Rosario Castellanos en Balún Canán, célebre por sus escenas en donde los indígenas llevaban en andas a los caciques. Oriundo del Bajío cristero, uno de los proyectos del joven prelado era alfabetizar a los indios porque, “¿cómo iba a evangelizar en cuatro o cinco idiomas diferentes?”. Pero muy pronto habría de venir el Concilio Vaticano II, que convocó a los obispos del planeta entre 1962 y 1965 y que reformó la Iglesia católica como no había ocurrido en cinco siglos. El Concilio colocó a los pobres en el centro de la vida eclesial. Samuel abandonó la idea de imponer una Iglesia occidental y desarrolló entonces la teoría de una “Iglesia autóctona” encarnada en las culturas indígenas. A su dominio del inglés, francés e italiano, que hablaba con fluidez, y a su conocimiento filológico del latín, griego y hebreo, Samuel Ruiz sumó el tzotzil, tzeltal, chol y tojolabal. Hablaba las cuatro lenguas con llaneza y predicaba en las dos primeras. Armado con la “Teología India” –una vertiente de la Teología de la Liberación— don Samuel formó 15 mil catequistas y ordenó 341 diáconos permanentes, ministros de culto con casi todas las atribuciones sacerdotales pero con esposa y familia. Fue su manera de reconocer la visión indígena de una Iglesia sustentada en las comunidades de laicos. Para hacer frente a los abusos, Samuel fundó el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.

Raúl Vera sostiene que, contrario a la campaña negra, Samuel Ruiz fue un hombre de una sola pieza: su visión y su acción eran la misma ya como obispo, ya como mediador, ya como defensor de derechos humanos y como amigo. El mismo testimonio me da David Murphy Ruiz, hijo de su hermana Luz María. Doña Lucha, por encargo de su madre, acompañó a Samuel a Chiapas desde que tomó posesión. David, el tercero de sus hijos, llegó a vivir al obispado a los siete años, tras el divorcio de sus padres. A partir de entonces, Samuel lo crió a él y a sus tres hermanos como si fueran sus propios hijos. David recuerda que los primeros años de su infancia Samuel les habló en inglés para que no perdieran la lengua de su padre, un misionero estadounidense. Aun cuando el obispado tenía once recámaras, recuerda David, don Samuel había adaptado su oficina en su propio cuarto, en donde trabajaba hasta la hora de la cena, a las ocho de la noche. Las pocas horas que le robaba al trabajo, Samuel hablaba a través de un radio de onda corta, con el que se comunicaba con radioaficionados de todo el mundo con el sobrenombre de Caminante. David recuerda que en casa estaba prohibido el caldo de pollo pues, cuando Samuel salía de visita pastoral, las comunidades indígenas recibían a Jtatic –padre en tzotzil— con el mejor plato que les permitía su pobreza, justamente caldo de pollo o de gallina. Y así como doña Lucha consintió este gusto, le cuidó la dieta con férrea disciplina porque don Samuel era diabético, aunque de vez en cuando se le escondía para comer dulces y fritangas.

En 1994, los caciques que acumularon rencores porque Caminante se había puesto del lado de los explotados, lo acusaron de ser el “Comandante Samuel” y de dirigir el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. La realidad era que Samuel se negó a que el zapatismo se montara en la estructura de la diócesis: el catequista que se quisiera ir con el levantamiento tenía que firmar su renuncia: “En realidad Marcos llega cuando hay un movimiento en marcha, entra a él, pero el movimiento es indígena”, le dijo a Lya Gutiérrez Quintanilla en una entrevista compilada en Los volcanes de Cuernavaca. Por su prestigio e integridad, Samuel fue la única figura que garantizó una mediación con el zapatismo, a tal grado que los diálogos de paz se celebraron en la catedral de San Cristóbal. Fueron las épocas en que se agudizaron las amenazas contra su vida: el gobierno le asignó seis escoltas y le dio un coche blindado, que Samuel aceptó después de muchas resistencias. Una mañana de fin de semana, un alto funcionario lo encontró caminando hacia su obispado, solo, sin coche ni escoltas.

--¿Y el coche blindado que le dimos, don Samuel? –le preguntó.

--No cabe en la cochera del obispado. Lo dejo en un estacionamiento que está a tres cuadras y me vengo a pie.

El nombramiento de Raúl Vera como su obispo sucesor en 1995 tranquilizó a quienes pensaron que Roma sepultaba así la opción preferencial por los pobres, pero se llevaron una decepción cuando vieron que las comunidades indígenas convirtieron a Raúl Vera López en un seguidor de la línea pastoral de Caminante. Raúl recuerda cómo los ojos de los indígenas se iluminaban cuando el obispo visitaba sus comunidades. Samuel tenía una memoria enciclopédica sobre su diócesis, de la que conocía cada historia y actor. Y, fiel al Concilio Vaticano II, estaba abierto al diálogo con los no católicos: se distinguió por defender a los evangélicos de San Juan Chamula, expulsados por católicos tradicionalistas, --los protestantes lo llamaban “nuestro obispo”— y oraba con musulmanes y judíos. Pero la enorme autoridad moral que ostentaba como prelado, mediador y amigo no lo volvió un hombre autoritario. Raúl Vera recuerda que Samuel consultaba cada decisión con él y con su equipo, y cuando escuchaba ponía toda su atención en el hablante.

Raúl Vera no simuló su “samuelismo” y el Vaticano revocó su nombramiento de sucesor en Chiapas, y lo mandó a Saltillo. Cuando Raúl le dio la noticia a Samuel fue la única vez que lo vio intranquilo, pero en media hora ya estaba ideando soluciones. Fiel a Roma, don Samuel no sólo no protestó por el nombramiento del conservador Felipe Arizmendi, sino que, una vez que se aceptó su renuncia, se marchó de la diócesis para no hacerle sombra. Se mudó a Querétaro, aunque mantuvo una pequeña oficina en la ciudad de México, en cuyas paredes colgaban retratos de Óscar Arnulfo Romero, Sergio Méndez Arceo y los jesuitas asesinados por militares salvadoreños. “No quiero robarle a los pobres lo que todavía me queda de energía para trabajar por ellos”, justificaba su agenda de trabajo cuando ya pasaba los 80 años. En lugar de la utopía que la generación de teólogos de la Liberación quisieron construir, don Samuel veía que el mundo que se convertía en un gigantesco mall, no de ciudadanos sino de consumidores, en donde el 80 por ciento de la población estaba excluida. Frente a ello, predicaba una solidaridad evangélica basada en la distribución equitativa de los bienes y la promoción de los pueblos. Murió el 24 de enero y sus exequias duraron tres días. El Subcomandante Marcos escribió: “Ahora que está de moda condenar a la Iglesia por los crímenes, desmanes, comisiones y omisiones de algunos de sus prelados, sería bueno mirar hacia abajo y encontrar a quienes, como don Samuel, desafiaron y desafían al poder, porque estos cristianos creen que la justicia debe reinar también en este mundo”.

1 comentario:

  1. VA DE DECIMA

    Murió Samuel Ruiz García
    el Jtatik y Monseñor
    después de mucho dolor
    lo mató una neumonía.
    Y aunque mucho merecía
    un gran reconocimiento
    en vida ningún aliento
    le brindó la Autoridad
    para premiar su bondad
    que de tantos fue sustento.

    El obispo de Saltillo
    Monseñor Don Raúl Vera
    le dio cobijo en la espera
    de ver apagar su brillo.
    Este fraile tan sencillo
    fue su obispo coadjutor,
    es hombre de gran valor
    y de México un baluarte,
    la extremaunción hoy le imparte
    a quien fuera su mentor.

    Resulta que el Vaticano
    que nunca le brindó apoyo
    hoy nos viene con el ‘rollo’
    de que era un gran ser humano.
    Le dio trato de villano,
    y ahora el pelo nos toma
    como si hiciera una broma
    cínica, tamaño estadio
    desde su portal de Radio
    hoy lo ensalzan allá en Roma.

    Porque no ha sido secreto
    que de Roma los jerarcas,
    anquilosados patriarcas,
    han impuesto un duro veto.
    Y no han mostrado respeto
    por escuchar la opinión
    que por la Liberación
    y desde su Teología
    clérigos de gran valía
    han vertido con pasión.

    Casaldáliga el señero
    también Gutiérrez Merino,
    José Arregui y Jon Sobrino
    o el mártir Oscar Romero.
    Sufrió de crimen artero
    el jesuita Ellacuría,
    por seguir la Teología
    de aquel Segundo Concilio,
    también fue mártir Rutilio,
    y a Boff lo silenciarían.

    Han dado de puntapiés
    a un plan mejor para el mundo
    que en el Concilio Segundo
    propuso Juan Veintitrés.
    Campo sembrado de mies
    les heredó el ‘Papa Bueno’
    pero con cinismo obsceno
    han bloqueado en mala forma
    la necesaria reforma
    que buscó aquel hombre pleno.

    Han tratado con excesos
    a varios nobles prelados
    al menos los han callado
    y despreciado sus rezos.
    Estos jerarcas obsesos
    el trato de Galileo
    dieron a Méndez Arceo
    y nunca dijeron ¡Basta!
    a ningún vil pederasta
    por ello poco les creo.

    Honrando aquel ‘Santo Oficio’
    y emulando a Torquemada
    ahora William Levada
    y antes Ratzinger, ¡qué vicio !
    Atenidos a su juicio
    no católico apostólico,
    sí caótico y neurótico
    cual modernos cancerberos,
    con criterios tan severos
    hacen ver lo bueno utópico.

    “De la violencia ideólogo”
    lo llamó Ernesto Zedillo,
    para entre ellos ver al pillo
    no hay que ser un criminólogo
    Hasta el fin y desde el prólogo
    su caminar fue fecundo
    más nunca faltó un inmundo
    que lo quiso denostar
    pero es difícil tapar
    la verdad que alumbra al mundo.

    Lo que no tuvo en su casa
    afuera se lo brindaron
    otras naciones lo honraron
    como a los grandes les pasa.
    Sin prejuicios por su raza
    primer lugar fue en la UNESCO
    y dijo “No lo merezco”.
    Otro premio dado en Núremberg,
    en la Alemania de Rátzinger,
    llegó como viento fresco.

    Lo bueno es que Don Samuel
    tiene su sitio en la gloria
    pues ya lo ha absuelto la historia
    y existen pocos como él
    Mas no deja de ser cruel
    constatar la falsedad
    y pretendida bondad
    de quien le deseara mal
    y hoy se suma al ritual
    de honrar su cabalidad.

    Al final lo bueno queda
    y eso siempre es lo mejor
    fue muy grande su valor
    y la bondad su moneda.
    Nada que ver con la seda
    muy sencillo su atuendo era
    crucifijo de madera
    en su pecho, que no de oro…
    un verdadero tesoro
    resultó su vida entera.

    Febrero 24, 2011.
    Manuel Martínez Jiménez.
    firenze68@gmail.com

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