jueves, 17 de mayo de 2012

El fin del invierno ideológico


Por Ramón I. Centeno

Cuando se desplomó el estalinismo en la URSS y Europa del Este, Francis Fukuyama, ideólogo de la democracia liberal, anunció el ‘Fin de la Historia’. Aunque este disparate teórico ha sido refutado una y otra vez, su mensaje político sintetiza el sentimiento de la época abierta a partir de aquél momento: es imposible algo superior a un capitalismo parlamentario.

Pero veinte años después, las cosas comienzan a cambiar. Un dato revelador: la recesión económica abierta en 2008, ha propagado enormes dudas en las bondades del capitalismo entre sus mismos gurús:
Hoy Alan Greenspan, el ex presidente de la Reserva Federal considerado gurú del sistema financiero, tuvo que admitir: “cometí un error en suponer que los intereses propios de las organizaciones, específicamente bancos y otros, eran tales que eran los más capaces para proteger a sus accionistas y sus intereses en las empresas”, y dijo que en su ideología de libre mercado “he encontrado una falla. No sé qué tan significativa o permanente es, pero he estado muy angustiado por ese hecho”, afirmó en una audiencia ante el Congreso en torno a la crisis.
Durante casi dos décadas (hasta 2006), Greenspan controló el banco central de Estados Unidos, desde donde promovió la desregulación. El representante federal demócrata Henry Waxman le preguntó hoy a Greenspan si “no funciona su ideología” del libre mercado, a lo cual respondió: “absolutamente, precisamente. Ésa es precisamente la razón por la cual me sorprendí, porque por unos 40 años o más yo trabajé con evidencias considerables de que sí funcionaba excepcionalmente bien”. (Brooks 2008)

Hoy Marx es incluso leído en Wall Street, la capital financiera mundial ubicada en Nueva York. Por ejemplo, el académico marxista Terry Eagleton, en una charla que ofreció en Sheffield a propósito de su último libro ‘¿Por qué Marx estaba en lo correcto?’, contó la amplia recepción que este tuvo en la sección de ‘Negocios’ de la librería en línea Amazon. Como Eagleton comentó, no es que los lectores a cargo del capital lean a Marx para aprender de comunismo, sino para entender el capitalismo. Sus libros tradicionales resultan insuficientes para resolver una incertidumbre ideológica de tal magnitud que prefieren leer al enemigo.

A diferencia del crack de 1929, aunque el modelo económico actual está en una crisis equiparable, hoy no hay una alternativa dentro del orden imperante como la que hace setenta años representó el keynesianismo. Por ello, aunque ya nadie espera gran cosa de las recetas económicas neoliberales, estas se siguen aplicando, pero ahora como muertos vivientes. En palabras de Paul Krugman, quien ganó el premio Nobel de economía en 2008:
Estamos viviendo en un mundo de políticas económicas zombies – políticas que deberían haber sido asesinadas por la evidencia de que todas sus premisas son erróneas, pero que continúan deambulando a pesar de todo. Y todo mundo se pregunta cuándo su reino del error terminará. (Krugman 2012)

Esta situación ya ha abierto grietas en el mundo Occidental, materializadas por el movimiento Occupy, conocidos como los Indignados en el mundo de habla hispana. Miles de personas salieron a tomar las calles para manifestar su oposición al orden hegemónico. Aunque ese movimiento careció por completo de un programa político, es importante como síntoma de descontento, pues señala la existencia de un mayor auditorio para discursos anti-capitalistas.

En otras palabras, hemos entrado en una situación que Antonio Gramsci definía como de morbilidad política, donde lo viejo no termina de morir, y lo nuevo termina de nacer. Las implicaciones de un cuadro de esta naturaleza pueden ser identificadas en un pasaje que el mismo autor nos ofrece:
Si la clase dominante ha perdido el consenso, ya no es ‘dirigente’, sino únicamente ‘dominante’, detenta la pura fuerza coercitiva, lo que indica que las grandes masas se han alejado de la ideología tradicional, y ya no creen en lo que antes creían. (Gramsci 1981)

Pero aquí es necesaria una alarma. La existencia de este agrietamiento en la ideología dominante, no significa un paso automático de las ‘masas’ a la rebelión. De hecho, uno de los efectos secundarios del desplome del estalinismo -en particular- ha sido el traslado de la alternativa comunista -en general- al catálogo de lo inverosímil. Así lo hizo notar el filósofo leninista Slavoj Žižek a los manifestantes de Occuppy Wall Street en un discurso que les ofreció:
el sistema dominante ha oprimido incluso nuestra capacidad para soñar. Fíjense en las películas que vemos todo el tiempo. Es fácil imaginarse el fin del mundo. Un asteroide destruyendo toda la vida, etcétera. Pero no puedes imaginar el fin del capitalismo. (Sarahana 2011)

Este es el antiguo problema de Marx sobre la conciencia de clase. La pregunta generalmente planteada durante el siglo XX fue ¿por qué el proletariado no se convierte de clase en sí en clase para sí? Pero la pregunta principal es otra: ¿cómo intervenimos los comunistas para lograr esa metamorfosis? Este ya era el enfoque de Lenin, cuando observó que la conciencia comunista no surge espontáneamente en las masas, sino que sólo puede ser el resultado de una acción de los revolucionarios organizados con la intención de producir ese convencimiento. Es decir, ‘lo nuevo’ debe luchar para nacer, y como parte de ese esfuerzo, ayudar a morir a ‘lo viejo’ que se resiste.

El capitalismo no se sepultará a sí mismo, por eso, a cada día que pasa se hace más urgente liquidarlo porque sino, lo que nos espera es la catástrofe.

Žižek (2009) nos ofrece cuatro grandes contradicciones del capitalismo global que nos obligan a sepultar la idea del comunismo como utopía y, en cambio, recuperar el sentido de urgencia contenido en la vieja noción de Marx del comunismo ‘como un movimiento que reacciona ante contradicciones reales’.

Primero, la amenaza sobre nuestra naturaleza externa: el deterioro del planeta está orillando a la especie a vivir próximamente en un ambiente invivible. Segundo, el peligro de que nuestra naturaleza interna, como nuestro legado genético, caiga en manos de empresas que, por ejemplo, han patentado las semillas de crecientes cultivos de alimentos. Tercero, están los bienes culturales comunes, como el lenguaje y la educación que sufren la inadecuación de la propiedad privada sobre la llamada propiedad intelectual.

Son estos tres grandes grupos de entidades ‘comunes’ a todos los seres humanos, los que ponen nuevamente de pie la referencia al ‘comunismo’. Se trata, entonces, de una radicalización de la noción del ‘proletariado’ de Marx. De algún modo, hoy todos somos proletarios, en peligro de ser reducidos a formas de vida que debemos evitar a toda costa.

Pero falta la cuarta contradicción, la cual ordena a las otras tres y se refiere a las masas más excluidas de la humanidad, las que ya están radicalmente precarizadas: debemos ingeniar cómo dotarlas del cuchillo que les permita cortarle el cuello al capitalismo. Este proceso, ‘de intrusión de los excluidos en el espacio sociopolítico’ tiene un nombre heredado por la Grecia Antigua, como nos recuerda Žižek: democracia. Esa es nuestra misión.

El invierno ideológico está llegando a su fin, pero nadie sabe que surgirá cuando termine el deshielo. El matrimonio utópico entre la democracia liberal y el capitalismo está acabado. Las grietas en la ideología dominante son cada vez más visibles para todos, y nuestras ideas tienen más espacio dónde jugar.

Sin embargo, aunque se avizoran ya las oportunidades, sólo jugarán a nuestro favor si vamos rabiosamente por ellas. Como dice Samuel Farber, un veterano trotskista cubanoamericano:
La política, como la naturaleza, aborrece el vacío, y si una nueva izquierda revolucionaria y democrática no responde a la crisis y necesidades populares […], fuerzas nefastas, como se ha visto en muchas otras partes del mundo, ocuparán ese espacio político para promover sus propósitos. (Chaguaceda 2012)

Esta es nuestra hora.
(Este texto es parte del informe que sobre la situación internacional presentó el autor a la dirección nacional del Partido Obrero Socialista, a fines de abril).


Referencias

Brooks, David. 2008. El gurú Greenspan confiesa que fue un error confiar en el libre mercado. La Jornada, http://bit.ly/JU9AJ4.
Chaguaceda, Armando. 2012. Samuel Farber y la crítica socialista de la realidad cubana. Cubaencuentro, http://bit.ly/J0besC.
Gramsci, Antonio. 1981. Cuadernos de la cárcel. 1a. ed. 4 vols, El hombre y su tiempo. México: Ed. Era.
Krugman, Paul. 2012. Death of a Fairy Tale. The New York Times, 27 April, A27.
Sarahana. 2011. Slavoj Žižek speaks at Occupy Wall Street: Transcript. In The Parallax: Impose Magazine.
Žižek, Slavoj. 2009. How to Begin from the Beginning. New Left Review (57):43-55.

sábado, 12 de mayo de 2012

Sufre Peña en la Ibero / Crónica de Ernesto Núñez


Crónica: Viernes negro en Santa Fe



(12 mayo 2012).- Enrique Peña Nieto se salió del área de confort en la que se había movido durante su campaña, y encontró ayer un ambiente hostil en la Universidad Iberoamericana, en donde tuvo que esconderse de algunos alumnos que protestaban por su presencia, y salir a paso veloz en medio de gritos de rechazo.

La visita del candidato de la coalición Compromiso por México se dividió en dos fases:

Un diálogo que se prolongó más de una hora, en el que respondió 20 preguntas -casi todas críticas-, y que transcurrió en medio de una guerra de porras y abucheos afuera del auditorio José Sánchez Villaseñor del Campus Santa Fe.

La segunda fase fue su huída ante los ánimos crispados de un grupo de alumnos que, organizados con dos días de anticipación, lo persiguieron por algunos pasillos gritándole "¡fuera, fuera!" y lo obligaron a cancelar su entrevista con Radio Ibero 90.9 y a salir corriendo de la universidad.



El diálogo

El equipo de Peña preparó su visita a la Ibero con antelación. Primero cambió la fecha en la que originalmente acudiría a los diálogos organizados dentro de un programa denominado "Buen Ciudadano Ibero". Así, en lugar de acudir el 25 de abril, acudió ayer, en viernes, un día en el que se reduce significativamente la presencia de estudiantes, pues la mayoría de las clases en la UIA se concentran de lunes a jueves.

Desde antes de las 8:00 horas, los grupos @ectivistas y eje (enlace de jóvenes con Enrique) arribaron a la Ibero -algunos transportados en autobuses-, para ser los primeros en ingresar al auditorio, donde la conferencia daría inicio a las 10:00 horas.

Los simpatizantes de Peña se distinguían por portar cartulinas en las que se leía, de un lado el hashtag #ContigoHastaLosPinos, y del otro la dirección de la página www.ectivismo.com.

El madruguete molestó a algunos estudiantes que ya no pudieron entrar al auditorio -con capacidad para 450 personas-, a pesar de haber llegado desde las 8:30 horas.

Personal de seguridad de la Ibero se quejó, además, de que el equipo de Peña metió a decenas de personas que no estaban en la lista original de invitados del candidato, algunos prestándose los pins que los identificaban como miembros de su staff.

Aún así, pudieron entrar al auditorio unos cien alumnos que, desde antes de que llegara Peña Nieto, manifestaron su repudio con letreros pintados sobre folders. Fernando Esquivel y Jesús Enríquez, por ejemplo, levantaron carteles en los que se leía "ni un aplauso a este asesino", "EPN: México no te quiere" y otro que simplemente rezaba: "te odio".

Afuera del auditorio se concentraron más de 800 alumnos, entre los que resaltaba un grupo de jóvenes que levantaban sobre sus cabezas cartulinas con letreros hechos a mano: "asesino", "no más feminicidios", "la Ibero no vota EPN" y "somos estudiantes no comerciables". También llevaban consigo caras de Salinas pintadas sobre papel bond, copetes de Peña teñidos de rojo y una manta en la que se leía "Todos somos Atenco".

Separados de ellos, había decenas de ciberactivistas del PRI con sus cartulinas rojas impresas profesionalmente.

Peña llegó a las 10:15 horas y pasó enfrente de ambos grupos, lo que desató una primera guerra de gritos y rechiflas.

Dentro del auditorio, lo primero que hizo Peña después de saludar fue exaltar "el ánimo de efervescencia" que encontró a su llegada a la casa de estudios.

Pidió respeto para poder exponer su visión del país y advirtió: "podrán algunos estar de acuerdo o no, y quienes no lo estén, espero aunque sea un poco, poderles convencer. Y si no, tampoco pasará nada".

Peña expuso sus propuestas en seguridad, economía y educación. Ofreció que en su sexenio todos los jóvenes tendrían acceso a la preparatoria, elevar la cobertura de educación universitaria del 30 al 45 por ciento y dotar de computadoras a 4.2 millones de alumnos de quinto y sexto grados de primaria.

Prometió elevar la calidad educativa y lanzó desde la Ibero un mensaje al SNTE: "el sindicato magisterial tiene participación para velar por los intereses y derechos laborales de sus agremiados, no para intervenir en la política educativa del país. Esa corresponde, sólo y exclusivamente, al Estado".

Tras 20 minutos de exposición, se le plantearon cinco rondas de cuatro preguntas, en su mayoría incómodas.

Peña -cuyo equipo presume como si fuera un logro el que ya pueda debatir y enfrentar cuestionamientos espontáneos, sin trastabillar como lo hizo en la Feria del Libro de Guadalajara- respondió con soltura y hasta con desenfado.

Endureció el rostro cuando se le cuestionó por la deuda que dejó Humberto Moreira en Coahuila; cuando la estudiante Ximena Muñoz le preguntó si seguiría el modelo económico implantado por Carlos Salinas "y ha dejado 50 millones de pobres", o cuando Adrián Arroyo le pidió decir cómo le va a hacer para que en el país no haya la baja competitividad, los feminicidios y la incidencia delictiva del Estado de México.

Encaró también a José Miguel Barberena, que le preguntó qué valores difundiría como Presidente "si hoy se promueve como un producto de la mercadotecnia y no como un verdadero político".

No le preguntaron por sus tres libros preferidos, pero sí por los tres sindicatos que considera más poderosos, y respondió a botepronto: el de los maestros, el de los petroleros y el de la CFE.

Afuera los ánimos se caldeaban, pues la diputada priista Carolina Viggiano decidió encarar a los jóvenes que portaban la manta de Atenco y una cartulina con la palabra "AMLOVE".

"¿Para qué lo invitan, si lo van a insultar?", les preguntó la también esposa del gobernador Rubén Moreira.

"No son estudiantes, son operadores de López Obrador", acusó la priista, quien se identificó como coordinadora de enlace con la sociedad civil de la campaña de Peña Nieto.

Coordinados con Viggiano, los @ectivistas del PRI se colocaron delante de los antipeñistas con sus cartulinas rojas, y trataron de opacarlos gritando "¡Peña Presidente!".

Dentro, el priista se envalentonaba. Pedía a los asistentes bajar sus letreros ("ya los leí", les dijo), y se reía de las caras de Salinas que de vez en cuando emergían entre las butacas.

Antes de despedirse, el candidato decidió improvisar: "me falta la de Atenco".

Dicho esto, justificó el uso de la fuerza pública en mayo del 2006, por la que hubo decenas de denuncias por abusos y violaciones a los derechos humanos.

"Fue una decisión que asumo personalmente, para restablecer el orden y la paz, lo hice en el uso legítimo de la fuerza que corresponde al Estado", añadió, y salió por la puerta de atrás del auditorio.



La huída

Las autoridades de la Ibero y el equipo de seguridad del candidato lo condujeron por un pasillo hasta la explanada, y de ahí a la cabina de Ibero 90.9.

Al descubrir que habían sido burlados, los alumnos inconformes corrieron hasta la escalinata de la explanada, pero ya no lo alcanzaron y desde ahí gritaron consignas: "¡Fuera, fuera!", "¡se ve, se siente, Enrique delincuente!".

Un zapato voló en medio del alboroto, pero no le alcanzó a dar.

Peña llegó hasta la puerta de la cabina de radio, en el segundo piso del edificio P; pidió un momento para ir al baño y tuvo que bajar un piso, donde fue descubierto por algunos alumnos. Permaneció encerrado en el baño,
según relató el conductor de Ibero 90.9 que en ese momento anunciaba la cancelación de la entrevista.

Al salir, Peña deliberó unos minutos con su jefe de escoltas, el capitán del Estado Mayor Presidencial Gustavo Cuevas. Tres veces le preguntó por donde salir, mientras un grupo gritaba: "Atenco no se olvida".

En el estacionamiento de profesores y empleados lo esperaba una Suburban negra blindada.

Para llegar a ella, Peña tuvo que caminar más de 100 metros, perseguido por "la prole" que le gritaba "cobarde". Aceleró el paso al llegar al estacionamiento, sus escoltas y guardias de la Ibero corrieron detrás de él, protegiéndolo.

El priista se colocó atrás de la camioneta, volteó a ver a sus detractores y se despidió de ellos levantando la mano derecha con el pulgar en alto.

Mientras, los alumnos seguían gritándole consignas.





Confrontado

Peña Nieto se vio prácticamente sitiado por opositores en la Ibero.

10:15 hrs. Contesta 20 preguntas en el auditorio. Al final, reivindica su actuación en el caso Atenco, lo que sube la tensión. Sale por la puerta trasera del auditorio.

11:40 hrs. Se dirige al edificio P, donde está Radio Ibero. Su equipo decide suspender la entrevista por la presencia de estudiantes y planea su salida afuera de un baño.

12:15 hrs. Peña sale del edificio P, camina unos 100 metros perseguido por estudiantes hasta el estacionamiento, sube a su camioneta y sale por la puerta 5.



Pulso Twitter

Peña defendió la pluralidad tras salir de la Ibero.




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Fecha de publicación: 12 mayo 2012

domingo, 6 de mayo de 2012

Conspiraciones

Por Emiliano Ruiz Parra

Si algo en el mundo no le cuadra, no lo dude: hay una conspiración detrás que lo explica todo: el cambio climático, la crisis financiera internacional, los ovnis y hasta la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial.

El sábado me tomé un café con una conspiracionista profesional. Me habló de cómo los illuminati dominan el mundo --una supuesta secta que determina, por ejemplo, quiénes serán presidentes de los Estados Unidos--; de cómo Hitler murió de causas naturales en el sur de Argentina, del secuestro masivo –700 mil al año sólo en Estados Unidos— de bebés y niños para ritos satánicos.

Si las conspiraciones se contradicen entre sí, no importa: quieren confundirnos. Entre menos creamos en ellos, mejor: buscan ser invisibles para gobernar el mundo desde las sombras. Los medios de comunicación no nos informarán de las conspiraciones, ni los historiadores ni politólogos las desenmascararán, justamente porque trabajan, conscientemente o sin saberlo, para los conspiradores.

En la primera mitad del siglo XX una de estas teorías atrajo a miles: una supuesta conspiración judeo-masónica-comunista. El capital financiero sionista, el liberalismo norteamericano y los bolcheviques aliados para desterrar los valores cristianos que le daban sentido a Europa. Una secta mexicana de ultraderecha, El Yunque, durante años se adhirió a ella y con esa ideología combatió tanto a la izquierda socialista como al régimen del PRI. Doy ese ejemplo sólo por mencionar que hasta nuestro país llegó el delirio conspiracionista.

Las teorías de la conspiración son una expresión más de la religiosidad moderna secularizada: ofrecen explicaciones sencillas para hechos complejos; atribuyen las decisiones importantes a agentes invisibles, a los que se les confiere poderes semidivinos y, finalmente, nos eximen de la responsabilidad de tomar decisiones: ahí están los conspiradores haciéndolo por nosotros.

Esas mismas características se encuentran en otras expresiones de la religiosidad sin Dios contemporánea como, por ejemplo, los horóscopos: desde las estrellas se determina nuestra fortuna, afinidades amorosas, vocación y hasta carácter. No hay albedrío. Y si lo hay, se encuentra limitado por designios superiores.

Pero no se preocupe. Si le está yendo mal en la vida, dentro de poco las estrellas se alinearán –conspirarán—para que su suerte cambie.

sábado, 5 de mayo de 2012

"El derecho de las bestias", de Rolando Diez-Laurini

"El derecho de las bestias" es un mundo en sí mismo en donde el lector se puede internar como en un bosque, conocer sus rincones, sus habitantes, y sentirse cobijado. Tiene suspenso, intriga e incertidumbre; despierta el interés del lector, lo mantiene preocupado, intrigado en qué va a ocurrir, cómo se va a resolver el conflicto principal y cuál será la importancia de los conflictos secundarios. Eso habla de un dominio técnico que es el espíritu de la novela, en particular de la novela negra y la policiaca, y ése ya está en manos de Diez-Laurini.

Hay también una inteligencia estructural (me encanta cómo juega el autor con la repetición de la escena en donde el detective dado de baja, Jack Black, llega a la mansión Göring para avisarle al padre que su hija ha sido secuestrada). Muestra un manejo muy astuto de los tiempos: corre una carrera y luego vuelve lentamente sobre sus pasos, desdobla el conflicto y crea un ambiente de enajenación, como un delirio dirigido. Eso, lo hace repetidamente y con éxito, pues no sólo aporta al misterio, sino al ritmo de la lectura. El lector sabe algo que lo intriga, da un paso adelante, pero luego descubre algo diferente en lo que creía ya saber. Esa es una habilidad que demuestra oficio novelístico.

Posee escenas escritas con mano maestra, en especial las del alcoholismo de Johan Nelson. La historia de las brujas pelirrojas y su asesinato está también elegantemente contada, y la atmósfera terrorífica se logra perfectamente. En ese sentido, la novela no le pide nada a las mejores descripciones de alcoholismo y drogadicción de los beatniks; y las descripciones del bosque y la mansión Göring saben perfectamente a prosa neogótica, a Poe y a Baudelaire. Creo que esta novela tiene dos ingredientes esenciales: la estructura y la prosa, manejados de forma novedosa y atractiva. Si duda, una lectura que vale la pena realizar.

viernes, 4 de mayo de 2012

Un sábado con los neofascistas europeos

AARHUS, Dinamarca. --¡Qué bueno que tu fotógrafo es corresponsal de guerra --me dice el periodista británico Peter Stanners-- porque lo vas a necesitar!

Son las 14:30 horas del sábado 31 de marzo. Decenas de periodistas acuden hasta Mølleparken, en el centro de esta ciudad, para cubrir una extraña manifestación: los movimientos más ultras de la extrema derecha del Viejo Continente-- algunos herederos de neo-nazis-- se reúnen en esta ciudad del norte de Dinamarca para lanzar un movimiento pan-europeo. El solo anuncio de la reunión prendió las alarmas de los gobiernos de Europa y Estados Unidos. No era para menos: el principal terrorista de la historia reciente, el multihomicida noruego Anders Breivik, mantuvo frecuentes contactos con miembros de estos grupos en las semanas previas a sus ataques en Oslo y la isla de Utøya del 22 de julio de 2011, en donde mató a 77 personas e hirió a 153.

El fotógrafo y corresponsal de guerra al que se refiere Stanners es Imal Hashimi, un fotoperiodista afgano que se formó en la cobertura del régimen Talibán y de la invasión estadounidense a su país. Radicado en Dinamarca desde 2009, Imal imparte cursos de fotografía en esta ciudad. Al encontrarnos, nos damos cuenta de que ambos nos hemos quitado la barba por las mismas razones: mejor no parecer musulmanes a primera vista. Yo no lo soy pero en este país me confunden con turco. Pero Imal sí es un lo es y por ello su decisión de tomar las fotografías para este reportaje es doblemente valiente: él sería el blanco idóneo del odio y la violencia de los grupos de ultra-derecha que se reúnen esta tarde en Aarhus para reconocerse, fraternizar y lanzarse –dicen-- a la reconquista cristiana de Europa.

Para estos ultras, el Islam representa una amenaza contra la civilización. Según ellos, los países musulmanes participan en una conspiración para islamizar Europa y convertirla en Eurabia: imponer la sharía o ley islámica, obligar a las mujeres a usar el burka y terminar con cuantos derechos y libertades ha conquistado Occidente desde el Renacimiento. Según su teoría conspiratoria, los inmigrantes no son más que un caballo de Troya de los proyectos de conquista de líderes islámicos.

Esta mañana del 31 de marzo los anti-islamistas, por un momento, consiguen un primer objetivo: hacen retroceder el reloj cuarenta años atrás, antes de que los inmigrantes llegaran a Dinamarca como obreros manufactureros. Por las calles del centro sólo se ven hombres y mujeres rubios y de ojos azules. Los árabes, somalíes, palestinos, marroquíes, libaneses, indios, y demás minorías no se aparecen. Las exclusivas tiendas de ropa, a diferencia de lo que harían un sábado ordinario, no exhiben sus ofertas sobre la acera y se preparan para bajar las cortinas a la una de la tarde, en cuanto empiecen las manifestaciones.

Ellos no son los únicos que temen una confrontación violenta. El gobierno danés despliega el mayor operativo policiaco en la historia del norte del país --una región conocida como Jutlandia--, con varios cientos de policías antidisturbios armados. La BBC de Londres y el diario The Guardian reportan a cada rato los preparativos del encuentro. Los británicos de alguna manera se sienten responsables de lo que ocurra aquí: el grupo convocante es la Liga de la Defensa Inglesa (EDL por sus siglas en inglés), la más grande y la más organizada entre sus pares europeas, nutrida principalmente por ex hooligans.

Y la alerta policiaca y periodística tiene razón de ser: Breivik, el multihomicida noruego, había afirmado haberse reunido, precisamente, con “decenas de líderes” de la EDL. Tommy Robinson, cabeza de la EDL --aunque condenó en su momento los atentados de Oslo y Utøya-- había prevenido que un ataque de esas características podría volver a ocurrir si los políticos seguían ignorando la amenaza que representaba el Islam.

Y es justo Tommy Robinson el que está anunciado como orador principal en la reunión de este sábado. Amagó con que 300 miembros de su organización lo acompañarían a Aarhus. Por ello la preocupación llega hasta los Estados Unidos. La embajada de ese país emite la víspera una alerta para sus ciudadanos: “se aconseja evitar la cercanía con estos eventos. Si se encuentra cerca de alguna de estas dos manifestaciones, por favor actúe con cautela y abandone el área lo más pronto posible”. La embajada americana se refiere a dos manifestaciones en Aarhus. Y es que la extrema derecha y sus proyectos de unidad no sólo provocan una avalancha de periodistas europeos y un operativo policiaco de varios cientos de efectivos: también indignan a una buena parte de la ciudad.

En cuanto se supo que los neo-fascistas se reunirían en este puerto, se formó un colectivo llamado “Aarhus por la diversidad”, que convocó a una contra-marcha de repudio. En pocas semanas cuatro mil personas habían confirmado su asistencia en la página de Facebook.

Son las 14:30 horas del sábado 31 de marzo. Aun cuando los rayos de sol calientan Mølleparken, la sensación térmica es de un grado centígrado sobre cero. Imal Hashimi se mueve con cautela entre los islamófobos, que arengan desde una camioneta que sirve de templete. Los oradores repiten los mismos mensajes: el Islam es una religión violenta de mujeres oprimidas y hombres brutales; hay que devolver a los musulmanes al otro lado del Mediterráneo. Imal Hashimi dispara su cámara una y otra vez.

--Qué bueno que tu fotógrafo es corresponsal de guerra...! –me dice el periodista británico Peter Stanners.

--¿Sí crees que se pongan violentos los extremistas? –le pregunto.

--Lo digo por los de ultra-derecha y también por los anti-fascistas. Yo estoy de su lado, por supuesto, pero también son de cuidado. Ya lo verás.

Unos minutos después caen las primeras piedras y estallan los primeros petardos a unos metros de nosotros.

El chovinismo del bienestar

Su puesto es la caja de cobro del supermercado del bazar. Ahí pasa la mayor parte de su día, cobrando las mercancías más diversas: desde dátiles del Medio Oriente hasta latas de frijoles La Costeña. De piel morena clara y suéter gris, si me lo topara en las calles de la Ciudad de México pensaría que es un mexicano más en camino a su taller o a su changarro. Pero Mustapha Demirezen es el imam del Bazar de Aarhus, la máxima autoridad religiosa de la comunidad turco-islámica en Aarhus.

Como cualquier comerciante de cualquier credo religioso, para Mustapha primero está el negocio y, después, la oración. Me explica que no reza las cinco veces al día como lo exige el Corán porque tiene mucho trabajo. Cuando la tienda deja tiempo, lo hace dos veces al día, pero mejor deja la vida religiosa para los viernes, que la mezquita se torna en centro de reunión en donde se discuten los problemas comunitarios y se fortalecen los lazos de solidaridad. Con 20 años en Dinamarca, Mustapha se define como musulmán, danés y turco, en ese orden.
El fotógrafo Imal Hashimi --que me traduce del danés al inglés-- me dice, aparte, que él comparte esa visión del Islam: una en donde lo relevante no sean los signos exteriores de la fe: la barba larga, la ropa talar o el gorro en la cabeza, sino que la congruencia con las convicciones. Pero en efecto, no todos los musulmanes de Dinamarca se adhieren a esa visión del Islam secular. Muchos somalíes, por ejemplo, sí llevan túnicas, se dejan la barba y cierran religiosamente sus cafés y fondas cinco veces al día para ir a la mezquita.

Ya sea en su modo más secular o más observante, la inmigración desde países islámicos se mira con recelo en este país: una encuesta del Foro Económico Mundial de 2007 reveló que el 70 por ciento de los daneses veían la interacción con el Islam como una amenaza a la seguridad. Una encuesta más reciente añadía que el 55 por ciento de los daneses percibían al Islam como una amenaza contra la identidad danesa.
La experta Susi Meret, de la Universidad de Aalborg, me explica que hasta la década de 1970 la sociedad danesa era étnicamente muy homogénea. A partir de entonces los inmigrantes llegaron a satisfacer la demanda de mano de obra. Se les dio la calidad de “trabajadores invitados”, pero la mayoría ya nunca se fue y, por el contrario, se trajo a sus familias. Después vino una nueva ola de nuevos habitantes: en las décadas de 1980 y 1990, el país acogió refugiados políticos de diversos países, muchos de ellos también musulmanes.

Meret, una inmigrante italiana con esposo e hijos daneses, ha estudiado a detalle los grupos de extrema derecha en Europa. Ella me advierte que no se debe confundir a los partidos políticos de ideología extremista --que participan en elecciones-- con los movimientos callejeros sin presencia parlamentaria como los que se reúnen en esta ciudad el 31 de marzo. Los primeros actúan dentro de los parlamentos e influyen decisivamente en las políticas públicas; los segundos entran y salen de las sombras, a veces con hechos violentos. Pero en dos cosas sí coinciden: su membresía frecuentemente es la misma y su discurso anti-musulmán también.

Las conclusiones de Meret son escalofriantes: los partidos de la extrema derecha anti-islamista se han convertido en los nuevos partidos de la clase obrera en Europa, los que han atraído el voto de los trabajadores manuales, casi siempre varones, que solían votar por los socialdemócratas o los socialistas. Y en Dinamarca es en donde les ha ido mejor de todo Europa. El Partido del Pueblo Danés (Dansk Folkeparti) estuvo en la coalición gobernante entre 2001 y 2011. Todavía en las últimas elecciones --las primeras que se celebraron en Europa tras los atentados de Oslo y Utoya-- obtuvo el 13 por ciento de los votos. En esos comicios la izquierda apenas arañó la mayoría necesaria para sacar a la coalición conservadora del poder.

Los partidos de la extrema derecha han conquistado a los obreros con un “chovinismo del bienestar”, me dice Meret: un discurso que defiende que el sólido Estado de Bienestar europeo --estupenda educación y salud pública, jugosas pensiones, seguro de desempleo-- debe pertenecerle a los europeos y no a los inmigrantes que vienen a drenarlo. Recientemente, me dice Meret, la extrema derecha parlamentaria se ha arrogado la defensa de los derechos democráticos y la equidad de género: el Islam, dicen, fuerza a las musulmanas a usar burka, arreglan sus matrimonios desde la infancia y sus maridos las golpean por costumbre.

El viernes 30 de marzo, un día antes del encuentro de la ultraderecha, le pregunto a Meret por qué los extremistas han elegido Aarhus para reunirse: “aquí han sido mucho más fuertes comparados con el resto de la península (de Jutlandia), y en Copenhague la izquierda está mucho más organizada y la contra-manifestación hubiera sido más poderosa”, me dice. Agrega que los países escandinavos son países muy seculares y que una vida más religiosa --islámica o cual sea-- se mira con recelo por el conjunto de la sociedad. Le pregunto su opinión sobre el burka y el velo islámico:

“La burka es un fenómeno muy marginal como para prohibirlo por la ley, y del velo, ¿por qué nos molesta un trozo de tela en la cabeza de otras mujeres? Yo recuerdo que mi abuela, en la Italia católica, no salía de su casa sin velo”.

“Lo volveremos a intentar”

El diario británico The Guardian había calificado esta reunión de anti-islamistas como una tentativa preocupante de crear una red de ejércitos callejeros como los que descarrilaron las democracias europeas en la década de 1930. Y se les tomó tan en serio que nunca una manifestación tan pequeña había sido tan cubierta por la prensa internacional, ni tan vigilada por cientos de policías, ni tan humillada por la sociedad civil: la extrema derecha fue repudiada en Aarhus y vencida en cada palmo de terreno. Los neo-fascistas juntaron apenas 200 personas, mientras que la contra-manifestación --que recorrió las calles aledañas-- sumó entre cinco mil y ocho mil participantes, lo que la convirtió en la marcha anti-fascista más grande en Dinamarca en los últimos quince años.

Sábado 31 de marzo. 13:30 horas. En la plaza del ayuntamiento se concentran los antifascistas: estudiantes, trabajadores, anarquistas, punks, socialdemócratas, trotskistas; daneses, somalíes, libaneses, chilenos y españoles residentes en Aarhus, así como manifestantes que toman ferry, autobuses y trenes desde Suecia, Noruega y Alemania para nutrir una movilización multicultural, multi-ideológica e indignada por el fascismo del siglo XXI.
Me detengo a preguntarle a un punk de ojos azules, que se identifica como Sundance, qué hace aquí: “vine porque pienso que ninguna persona es ilegal --me dice-- todos tienen derecho a estar en este país”. Ahmad Jibril, un terapeuta físico de 41 años refugiado de la guerra civil en Somalia, dice “yo soy danés-somalí. Tenemos que aprender a vivir juntos”. María, una española con 32 años de residir en Dinamarca, agita una bandera comunista: “soy maestra de niños pequeños, muchos de Irán, Iraq y Líbano, y sé que no todos los musulmanes son extremistas. Los nazis se aprovechan de que aquí la gente es muy tolerante”.

A unos metros, Fátima, una joven danesa con velo, sostiene una manta de la organización “Unidad de jóvenes daneses de origen diverso”. Le cuento que la ultra-derecha dice defender sus derechos de musulmana subyugada: “Yo elegí usar el velo hace apenas unos meses porque me siento más segura con él. No estamos oprimidas en absoluto ni se nos obliga a casarnos con nadie. Ellos quieren dar una imagen que no refleja la realidad”, me dice mientras agita, con la otra mano, una bandera danesa.

A las 14:00 horas el mitin anti-fascista marcha hacia la plaza principal. Imal y yo nos desviamos hacia Mølleparken, en donde se reúne la extrema derecha. Durante una hora hay ahí más periodistas --algunos con chalecos antibalas y cascos-- que manifestantes. Desde el principio las cosas les salen mal a los ultras: no se aparecen las delegaciones polaca y sueca, ni tampoco la mayoría de los dirigentes de sus grupos en otros países. La académica Susi Meret ya me había advertido que hay importantes divisiones internas y que los giros ideológicos los hacen chocar. Eso les pasó con el viraje que dieron del antisemitismo hacia el abierto respaldo al estado de Israel, que los neo-fascistas usan para quitarse la etiqueta de neo-nazis. Pero eso, justamente, aleja a los grupos que siguen siendo antisemitas.

Un danés con el rostro cubierto, la cabeza rapada y una sudadera de la Liga de la Defensa Danesa (DDL) se empeña en prender un motor a gasolina: sin éxito. Sin ese motor no hay manera de encender las bocinas y entonces la primera oradora, la danesa Freja Lindgren, recurre a un altavoz para pedir un minuto de silencio por las víctimas de Toulose, Francia, y de todo el Islam. El británico Tommy Robinson toma la palabra anticipadamente. Se le había anunciado como el orador principal pero la ausencia de otros líderes relevantes lo obliga a adelantar su discurso. En su rostro se refleja la frustración. Le había dicho a la prensa que 300 ingleses harían el viaje a Aarhus. Sólo se aparecen quince. Y cuando Robinson está a punto de lanzar su proclama se oye un grito a unos 50 metros: “¡Alianza antifascista!” y estalla en pedazos la primera botella a unos metros de nosotros.

Las previsiones de que Aarhus era un bastión de la ultraderecha sin una oposición articulada estuvieron equivocadas. Árabes y daneses, musulmanes y socialistas juntos, se coordinaron para sabotear al neofascismo. Pequeños piquetes armados de piedras, botellas y petardos atacaron por diversos flancos la concentración de la extrema derecha y se colaron entre la policía para arrojar patadas a los ultras. Paradoja del día: los cientos de policías armados terminaron protegiendo a la alicaída ultraderecha. Si el propósito de los piquetes antifascistas era quitarles la atención de la prensa, lo lograron: Robinson terminó hablando para sí mismo y se fue a escondidas protegido por sus guardaespaldas, con el pretexto de que al otro día estaba invitado a un programa de la BBC en Londres.

En un país tan ordenado como éste --en donde hay reglamento de tránsito hasta para andar en bicicleta, con multas de unos 2,800 pesos mexicanos por no sacar la mano para avisar que vas a dar la vuelta-- los piqueteros jugaron al gato y al ratón con la policía, que trataba de cazar a los más correlones. Entre los piqueteros había tanto mujeres rubias con peinado mohicano hasta jóvenes árabes de sudadera con la leyenda: “soldado de Alá”.
Los anti-islamistas ingleses huyeron protegidos por los uniformados. Decenas de policiacos despejaron la calle por donde se fue su autobús --adornado con la leyenda “no nos rendiremos”-- y, aun así, una piedra destrozó una ventanilla. Uno de los piqueteros antifascistas se encontró una bicicleta estacionada en la calle y se la arrojó al autobús, aunque no lo alcanzó.

“Ya arrestamos a los más problemáticos. Esperemos que con eso se calmen las cosas. La salida del autobús fue muy tensa y pudo haber salido mucho peor”, me dijo hacia las 15:30 horas Bent Preben Nielsen, el oficial a cargo del operativo, en su perfecto inglés. Tenía a 26 personas arrestadas hasta entonces. Unos minutos después sus hombres detuvieron a unos quince más. Y al final de la jornada, a las 18:00 horas, cargaron con los últimos treinta antifascistas que no se querían despejar Mølleparken hasta que no se hubiera ido ni uno de los ultras. Los 83 detenidos fueron liberados unas horas después. Tres policías resultaron con heridas leves.
La extrema derecha había aprovechado una fotografía de Freja Lindgren para promover el encuentro en las redes sociales. La anti-islamista instructora de aerobics aparecía de espaldas, vestida con una tanga, luciendo su figura voluptuosa, aunque la fotografía era un tanto difusa. En persona, sin embargo, se notaba que sus mejores años habían quedado décadas atrás. Quizá eso mismo ha ocurrido con los movimientos neofascistas callejeros (aunque sus expresiones partidistas sean más fuertes que nunca). Con el rostro apesadumbrado y mezclando inglés y danés Freja me dijo al término del mitin: “lo intentamos porque amamos a nuestro país, aunque sabíamos que podía pasar esto. Pero volveremos a tratar”.

Publicado en Domingo, de El Universal, el 22 de abril de 2012.