domingo, 6 de mayo de 2012

Conspiraciones

Por Emiliano Ruiz Parra

Si algo en el mundo no le cuadra, no lo dude: hay una conspiración detrás que lo explica todo: el cambio climático, la crisis financiera internacional, los ovnis y hasta la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial.

El sábado me tomé un café con una conspiracionista profesional. Me habló de cómo los illuminati dominan el mundo --una supuesta secta que determina, por ejemplo, quiénes serán presidentes de los Estados Unidos--; de cómo Hitler murió de causas naturales en el sur de Argentina, del secuestro masivo –700 mil al año sólo en Estados Unidos— de bebés y niños para ritos satánicos.

Si las conspiraciones se contradicen entre sí, no importa: quieren confundirnos. Entre menos creamos en ellos, mejor: buscan ser invisibles para gobernar el mundo desde las sombras. Los medios de comunicación no nos informarán de las conspiraciones, ni los historiadores ni politólogos las desenmascararán, justamente porque trabajan, conscientemente o sin saberlo, para los conspiradores.

En la primera mitad del siglo XX una de estas teorías atrajo a miles: una supuesta conspiración judeo-masónica-comunista. El capital financiero sionista, el liberalismo norteamericano y los bolcheviques aliados para desterrar los valores cristianos que le daban sentido a Europa. Una secta mexicana de ultraderecha, El Yunque, durante años se adhirió a ella y con esa ideología combatió tanto a la izquierda socialista como al régimen del PRI. Doy ese ejemplo sólo por mencionar que hasta nuestro país llegó el delirio conspiracionista.

Las teorías de la conspiración son una expresión más de la religiosidad moderna secularizada: ofrecen explicaciones sencillas para hechos complejos; atribuyen las decisiones importantes a agentes invisibles, a los que se les confiere poderes semidivinos y, finalmente, nos eximen de la responsabilidad de tomar decisiones: ahí están los conspiradores haciéndolo por nosotros.

Esas mismas características se encuentran en otras expresiones de la religiosidad sin Dios contemporánea como, por ejemplo, los horóscopos: desde las estrellas se determina nuestra fortuna, afinidades amorosas, vocación y hasta carácter. No hay albedrío. Y si lo hay, se encuentra limitado por designios superiores.

Pero no se preocupe. Si le está yendo mal en la vida, dentro de poco las estrellas se alinearán –conspirarán—para que su suerte cambie.

No hay comentarios:

Publicar un comentario