lunes, 18 de noviembre de 2013

Canallas

Columna "Tolvanera" de Roberto Zamarripa, publicada el 18 de noviembre de 2013 en Reforma. 

El coordinador de los diputados federales panistas, Luis Alberto Villarreal, está enojado.

Le ha molestado la difusión de revelaciones sobre cómo él y su hermano exigen a alcaldes un diezmo sobre el dinero público que reciben y de cómo incluso imponen a empresarios para que realicen la obra programada por los ediles.

Los Villarreal no parecen preocupados por realizar una investigación de este ruin modus operandi. Lo que se ha destapado es un sistema de financiamiento ilegal en el cual dirigentes partidistas encuentran la manera para perpetuarse en cargos.

El asesinato de Ygnacio López, alcalde de Santa Ana Maya, Michoacán, exhibió justamente cómo incide la delincuencia organizada en la esfera de la política. El centro de las denuncias del edil michoacano fueron las extorsiones a las que era sujeto, ya fuera por miembros del crimen organizado o por funcionarios no identificados -"los de corbata", les llamaba el alcalde- que exigían dinero a cambio del ejercicio de recursos dados por la Secretaría de Hacienda.

El modus operandi es similar.

Hay quienes dicen que esta operación para saquear recursos públicos, esquilmar a alcaldes y hacer negocio ilegal con empresas constructoras supone algo más que la mera amenaza.

Hay varios eslabones en la cadena que incluye a "técnicos" especializados en la negociación con funcionarios federales para la agilización de los recursos. Incluso trabajan con formatos o solicitudes oficiales que cargan en sus portafolios los extorsionadores de cuello blanco y que presentan a los alcaldes para gestionar el presupuesto para sus proyectos de obra pública.

Parte fundamental para cerrar el círculo son las constructoras vinculadas a los gestores de fondos públicos.

Desde luego que la cadena puede simplificarse si quienes ejercen los recursos públicos son a la vez dueños de las constructoras.

En Huauchinango, Puebla, por ejemplo, un par de hermanos son conocidos por una extraña cualidad: en una década han alternado alcaldía y diputaciones pasando de un partido a otro. Su vida es boyante. Sus negocios también.

Los hermanos Carlos y Omar Martínez Amador han controlado el ayuntamiento de Huauchinango. Uno a otro se pasan la estafeta... y las obras.

Carlos gobernó Huauchinango, municipio cabecera de la empobrecida sierra norte poblana, entre 2005 y 2008. Fue diputado local por el PRI en 2008-2009 por la misma región. En 2012 perdió la puja interna para la candidatura a diputado federal por el PRI, su partido originario. Entonces se fue al PAN y contendió contra Guadalupe Vargas, hija del actual titular del Instituto Nacional de Migración, Ardelio Vargas.

Lupita apaleó a Carlos Martínez en la elección del 2012. Aprovechando la extraña coalición de Nueva Alianza, PAN y PRD en los comicios locales de julio pasado, Carlos fue electo diputado local. Ahora aspira a ser el coordinador parlamentario de la fracción local del PRD en la LIX Legislatura del Congreso poblano que durará ¡cuatro años!

En un año ha pasado de ser alcalde priista a candidato panista y ahora diputado perredista.

Su hermano Omar quiso ser candidato priista a alcalde de su natal Huauchinango. No lo aceptaron en el tricolor, entonces se fue al PAN y ganó.

Ambos hacen política con mucho dinero. Y ese dinero, cuentan quienes los conocen, proviene de las obras que su empresa constructora hace en los empobrecidos municipios de la sierra Norte.

Si hay que adocretar calles pues los Martínez Amador surten a los alcaldes de la región del concreto premezclado.

Para evitar confusiones de cualquier tipo, Carlos Martínez Amador ha llegado a instalar su oficina de gestión en el mismo inmueble donde está ubicada su empresa constructora.

Ahí, cuentan vecinos de Huauchinango, atendía a los alcaldes y supervisaba el trabajo de contadores e ingenieros a su servicio. Eficiencia sin límites.

Las dirigencias de los partidos suelen ser felices con este tipo de personajes. Inyectan recursos para campañas, derivados de las obras que como constructores obtienen al extorsionar -el término no le gusta mucho a Villarreal- o al conminar atentamente a ediles a contratar a la empresa bajo su mando.

Los partidos no sufren por recursos. Los hay para todo tipo de campañas y fácilmente burlan las inútiles fiscalizaciones de los institutos electorales. Los dirigentes y militantes quedan eternamente agradecidos porque gracias al dinero "donado" por constructores logran los triunfos electorales. Ya en el cargo, retribuyen con más obra a los constructores benefactores.

Efectivamente, en el PAN nadie quiere encarar a los Villarreal o a los Villalobos o a los villanos en curso. Los recursos de obras logradas bajo coerción o de casineros o de otros afluentes de dudosa procedencia salpican a todos, han aceitado campañas de muchos y por ello varios son presa de ese agradecimiento eterno por el cargo que ahora detentan.

Sí, es una política de canallas. Lo ha dicho bien Villarreal. Lo que hacen es de canallas al usar así el recurso de los ciudadanos.


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Fecha de publicación: 18 noviembre 2013

lunes, 16 de septiembre de 2013

"Es hora de un repliegue táctico": Carta de los profes del POS a sus pares de la CNTE

A las maestras y maestros de Oaxaca:

Comparto esta carta abierta de los profesores afiliados al Partido Obrero Socialista (POS) a sus pares de la CNTE. 16 de septiembre de 2013.

Al decir que con frecuencia debemos dar un paso adelante y dos pasos atrás lo que quería decir el teórico socialista ruso (Vladimir Lenin) es que, en política, es decir, en los movimientos de las masas, no siempre es posible obtener todo lo que exigimos y que lo primero es analizar las relaciones de fuerzas entre las clases sociales en lucha. Si la relación de fuerzas es claramente favorable al proletariado, entonces lo conducente es exigir lo más posible y proseguir el combate; pero si las fuerzas de los trabajadores no son suficientes, entonces es necesario saber replegarse a tiempo, recoger lo ganado y retirarse momentáneamente de la batalla para preparar el siguiente round.
   La lucha de la sección 22 desató movimientos de maestros en 23 o más estados pero debemos reconocer que la mayoría de ellos son de apenas miles. De un gremio de más de un millón 300 mil apenas habremos logrado la movilización de una parte. El llamado paro cívico nacional del pasado miércoles 11 de septiembre no alcanzó la fuerza necesaria y la “megamarcha” de ese día fue una expresión de algunos miles pero no de los cientos de miles que se requieren para doblegar al Gobierno y sus aliados PAN y PRD. Ellos advirtieron la debilidad del movimiento  y por ello se dieron el lujo de desalojarnos del Zócalo sin demasiados problemas dos días después.
Para peor, Michoacán se retiró de esta lucha y Guerrero, otro de los bastiones de la CNTE, tampoco se incorporó a esta batalla como era de esperarse. En conclusión, estos momentos nosotros apreciamos que la fuerza del movimiento magisterial se redujo y es insuficiente.
   El Partido Obrero Socialista publicó en su periódico El Socialista 370 que la lucha de la sección 22 y del magisterio logró modificaciones en las leyes secundarias. Por ejemplo, se preserva la gratuidad en la educación; se les dará nombramiento definitivo de base a los que cumplan seis meses como docentes (lo que hará más difícil su despido); a los maestros que tienen actualmente base no se les podrá despedir y si se les cambia de adscripción no se les quitará su nombramiento anterior. También se obtuvo que las escuelas normales sean durante los dos siguientes años los semilleros de maestros y que tengan la preferencia en la contratación. No aceptamos estas leyes pero estos cambios nos permitirán continuar la lucha en mejores condiciones. Además, es evidente que el Gobierno no se atrevió a cobrar el IVA en alimentos y medicinas porque de haberlo hecho hubiera provocado la entrada en la lucha de cientos de miles de obreros, trabajadores, colonos, campesinos, estudiantes y amas de casa. Y todo ello se debe a la gran y ejemplar lucha que hemos dado como CNTE.
   El movimiento magisterial debe aprender de la amarga lección de la huelga estudiantil de 1999-2000 en la UNAM. Los estudiantes ya habían ganado el 80% de sus peticiones pero sus dirigentes ultraizquierdistas se empeñaron en ganar el 100% y aun de plantear a las autoridades nuevas exigencias. La huelga, después de meses, perdió la participación de decenas de miles de estudiantes, se desgastó o se pudrió. El gobierno manejó a su antojo a los medios de comunicación en contra de la causa estudiantil y la policía rompió la huelga y apresó a poco más de mil jóvenes que estuvieron en la cárcel en promedio dos o tres meses. Lo que pudo ser una importante victoria parcial terminó en una dolorosa derrota de la que, a la fecha, el movimiento en la UNAM, trece años después, no se ha repuesto.
   Es hora de mirar con realismo y con honestidad la fuerza actual con que contamos. Desde nuestro punto de vista, es la hora de dar un paso atrás, de recoger lo ganado y de preparar las siguientes batallas. De no hacerlo, nos exponemos a una situación como la habida en la UNAM, a que perdamos más escuelas ante la espuria sección 59. También es un hecho que algunos compañeros han regresado a trabajar sin que desde la sección hayamos decidido hacerlo. Todo esto nos pondrá en peores condiciones para dar las siguientes batallas.
   Es hora de continuar la batalla en otros escenarios. Es hora de decirles a los padres de familia que gracias a su apoyo se preservó la gratuidad y que se necesita la formación de los Colectivos Escolares con maestros, padres y alumnos para hacerla realidad. Es hora de enviar brigadas a los estados del país que logramos despertar a la lucha para que se incorporen a la CNTE y repudien a los líderes traidores del SNTE. Es la hora para, desde nuestras escuelas, resistir la imposición de las nuevas leyes y evitar su aplicación. En esas circunstancias podremos considerar si, entre todos los maestros del país y otras fuerzas afines, es posible organizar una huelga nacional con la que podríamos derogar las contrarreformas.
Es hora pues, de dar un paso adelante y dos pasos atrás.
Maestras y maestros del POS

www.pos.org.mx     tel. (55) 55910168

Tolvanera / "Límites" (de Roberto Zamarripa)

Columna de Roberto Zamarripa publicada el 16 de septiembre de 2013 en el diario Reforma.

(16 septiembre 2013).- ¡Viva Mondragón y los policías que nos dieron Zócalo! Por fin, el uso de la fuerza. Dosificada, húmeda o en versión lacrimógena. Fuerza al fin. De la desmitificación al asombro: si tan fácil es por qué no se hace diariamente.

El desalojo del Zócalo mostró las facetas de una política hipócrita (y poco eficaz). El gobierno hace como que amenaza, plantando policías, pero suplica al abandono voluntario; los maestros hacen como que se retiran pero ponen barricadas; y vencido el plazo, el desalojo se consuma. "Al fin que ya nos íbamos", dicen los maestros, pero resisten a pedradas. "Es para garantizar el Grito", justifican desde el gobierno federal. Y la más simpática, la del gobierno capitalino: los maestros se salieron del Zócalo gracias a nuestra mediación.

Al final resultan decenas de policías y manifestantes heridos aunque el saldo pudo ser peor.

Todas las partes admiten que el conflicto no está arreglado tras el desalojo. Entonces, ¿por qué desalojaron? El Grito del Presidente podía ocurrir en Guanajuato y el Desfile no hubiera sido interrumpido.

El desalojo fue un acto de autoridad y de advertencia.

El problema de usar la fuerza del Estado, en cualquiera de sus versiones, es que una vez no basta. Será ejercicio y se convertirá en costumbre. Pero eso escala. Cada vez serán más necesarios otro tipo de artefactos para detener a los inconformes, quienes a su vez tendrán mejor preparación para enfrentar a los policías. La polarización crece y la política se debilita.

Lo peor tras el "limpio" desalojo sería la soberbia. Con ésa no se gobierna, se aniquila.

Te toca a ti pagar el Pacto, bato. El gobierno federal ha fundamentado en el Pacto por México parte sustancial de su operación política. De la incredulidad se pasa al enojo. Nadie creía posible que salieran adelante reformas legislativas por consenso. Ahora, las corrientes distantes de sus dirigencias partidistas piden participar del reparto. El Pacto allanó reformas y aún tiene combustible para lograr otras. Sin duda sus mesas de negociación han aligerado las tensiones que podrían desembocar en otros conflictos.

Pero no basta pactar entre la élite de la política para garantizar la gobernabilidad, máxime si los cambios propuestos remecen moldes y usos y costumbres. Hay que pactar en lo social. Y no se trata de distribuir dinero para calmar gritos sino reorganizar la política con el concurso ciudadano, de organismos sociales, de grupos con diversas demandas.

No es lo mismo descontento que movimiento. El descontento magisterial ha crecido. No tiene una relación directa con la CNTE. Han crecido manifestaciones de inconformidad con las nuevas leyes en, por lo menos, 26 de 32 estados del país. Una es la dimensión del descontento -acicateada por la incertidumbre laboral, la falta de explicación en las aulas y escuelas de las nuevas disposiciones- y otra es la dimensión del movimiento. Las protestas no logran una coordinación, caminan separadas, y aunque pueden converger, el sectarismo de la CNTE lo impide.

Y otra cosa es la dimensión de la dirigencia.

La dirigencia de la CNTE tocó límite. Ejerce un sindicalismo ancestral. El gremio magisterial debe apuntar a la defensa de sus derechos laborales pero también hacia una propuesta educativa de vínculo con la sociedad. Sus movilizaciones, sus tácticas de lucha, le han llevado a confrontarse con los ciudadanos y con sus colegas. Miles de maestros no afiliados al radicalismo e igualmente hartos de las trabas del SNTE quisieran un mejor sindicato, una mejoría personal y colectiva en materia salarial y profesional, y una mejor educación para el país.

El propósito de la CNTE es cobijar un movimiento popular, más allá de lo gremial, que combata al gobierno de Enrique Peña. Pero si algo ha logrado con sus tácticas ha sido la legitimidad del gobierno que combate.

División de poderes: yo desalojo, tú barres. El jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, observó el operativo de desalojo del Zócalo comiendo tortas junto al secretario de Gobernación; su secretario de Gobierno, Héctor Serrano, estaba en Tlaxcoaque, también viendo pantallas, detrás de los jefes de la Policía Federal. Sabían su tarea. Apenas terminara la ocupación policiaca de la plancha, los trabajadores de limpia del gobierno capitalino tenían que recoger la basura. Eso de ser el afanador de la República lastima la investidura del jefe de Gobierno.

Como El Canelo Álvarez, la figura de Miguel Ángel Mancera se ha desinflado. No es lo mismo ser apapachado por el reflector que enfrentarse en el ring a los verdaderos golpes. Mancera no tiene equipo de gobierno y lo que tiene a su alrededor no le ha resultado confiable. Sus dos muletas, la de Gobierno y la de Seguridad, le han provocado más problemas que soluciones. El jefe de Gobierno vivió prácticamente un mes a salto de mata, sin despachar en sus oficinas, y extraviado en el orden de sus decisiones. Ahora ya puede entrar a su oficina. ¿Para qué? Su estilo de gobierno y su gabinete llegaron al límite.


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Fecha de publicación: 16 septiembre 2013

sábado, 31 de agosto de 2013

A marchar con los maestros

Por Emiliano Ruiz Parra

Se les acusa de vándalos. Políticos, intelectuales, comentaristas de televisión y hasta —supuestos— defensores de derechos humanos llaman a que se castigue su insumisión con el garrote.
Pero se habla muy poco de los motivos por los que maestros —en su mayoría maestras— de diversos estados acamparon en la Ciudad de México. Y menos se mencionan las razones para apoyarlos, para marchar con ellos este primero de septiembre. Aquí algunas:
         Primero: la reforma educativa de Enrique Peña Nieto no es una reforma educativa, sino una (contra) reforma laboral para el sector educativo. Ni Enrique Peña Nieto ni sus aliados del PRD y el PAN —el Pacto por México— pretenden cambiar lo que sí urge modificar en la ruinosa educación mexicana: los reducidos presupuestos, los planes de estudio centralizados y obsoletos, la insuficiente cobertura (falta 30 por ciento en preescolar y 45 por ciento en bachillerato), la saturación de aulas y escuelas y un largo etcétera. El principal objetivo de la reforma consiste en imponer un escalafón empresarial a los maestros, anular sus derechos laborales y facilitar su despido.
         Segundo: fue una reforma antidemocrática. Jamás se consultó a los actores de la educación: los estudiantes, padres de familia, maestros y expertos fueron excluidos. Y ese desdén se repite en la gestión del conflicto actual: se convoca a los maestros a reunirse con legisladores que —lo presumen— no cambiarán el sentido de su voto aunque pasen horas simulando que dialogan con los docentes.
         Tercero: la reforma es centralista. México es un país diverso en donde se hablan 64 lenguas indígenas. Ser maestro en la sierra de Oaxaca es una experiencia completamente distinta a dar clases en los barrios de maquiladoras de Ciudad Juárez o en las grandes ciudades. No se puede evaluar igual a los desiguales como se ha hecho hasta ahora con la prueba Enlace y como se pretende hacer con un centralizado Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación.
         Cuarto: la reforma refuerza el corporativismo sindical. Enrique Peña Nieto recurrió a la fórmula del viejo PRI: al inicio de su sexenio, metió a la cárcel a un miembro de su familia política para hacer alarde de su poder, como De la Madrid con Díaz Serrano, Salinas con La Quina y Zedillo con Raúl Salinas de Gortari.
La reclusión de Elba Esther Gordillo ofreció, sin embargo, impunidad a la cúpula del SNTE, cómplice de los delitos de su millonaria cacique. Y peor aún, mantuvo al SNTE como lo que siempre ha sido: una estructura corporativa de control sindical, político y electoral del magisterio. La contrarreforma educativa de Peña Nieto descansa sobre el control del gobierno sobre el SNTE y del SNTE sobre sus agremiados.
         Y por eso presenciamos un movimiento de enorme fuerza: porque no sólo se rebela ante una contrarreforma, sino ante la corrupción sindical: la del SNTE y la de la CNTE. Porque al interior de la CNTE también hay charrismo, corporativismo y corrupción. A los maestros de Oaxaca que disienten de las corrientes dominantes se les castiga enviándolos a escuelas que están a varios días de camino de su lugar de residencia y se bloquea su promoción. La cúpula de la sección 22 —de la CNTE— pactó con Ulises Ruiz en 2006, y canjeó el movimiento de ese año por curules. Los maestros —sobre todo de Oaxaca— se han movilizado a pesar de sus dirigentes. Estamos frente a un movimiento de las bases contra el charrismo de sus líderes, del SNTE o la CNTE.
         Los intelectuales liberales condenan el bloqueo al Congreso de la Unión que efectuaron las y los maestros. Afirman que se secuestra un espacio de deliberación democrática. ¿Por qué los maestros del país —y no se nos olvide esa palabra: las y los maestros, los que educan a los mexicanos— se ven forzados a cerrar los accesos del Congreso? ¿En qué momento un órgano representativo optó por ignorar a profesores que viajaron 500 kilómetros para pedir que se les escuchara? ¿Por qué no hay ni un diputado que represente al magisterio democrático?
México tiene las instituciones de una república, pero está (todavía) lejos de ser una democracia. En México —más allá de los barrios de clase media— el voto se compra con dinero en efectivo, materiales de construcción o programas sociales. A los ciudadanos les resulta imposible acceder al Congreso de la Unión, a menos de que se incorporen a las mafias de los partidos políticos, mafias que recurren cada vez con más frecuencia a métodos gangsteriles para hacer política. Y que se burlan la ley: la mitad de los diputados federales del PRI ocupan su curul a pesar de que rebasaron los topes de campaña.
Enrique Peña Nieto argumentó que la reforma educativa serviría para mejorar el “capital humano” del país. El ejecutivo y sus aliados del Pacto por México revelaron así su visión de los mexicanos: somos apenas un factor de producción. Un insumo para los inversionistas nacionales o extranjeros. Ni siquiera se empleó la retórica de la educación como el cemento de la patria. Para Peña Nieto los niños son un recurso, un mero tornillo que debe resultarle atractivo a la maquinaria del capital.
Y por eso les indigna, a Peña Nieto y sus aliados, la resistencia de los maestros. Porque se rebelan no contra una reforma, sino contra una visión del mundo en donde el capital manda y el Estado y los trabajadores obedecen. En donde los niños y sus profesores son desechables. Si los maestros triunfan en este conflicto, cuestionarán el conjunto de las reformas de Enrique Peña Nieto y sus aliados del PAN y el PRD, reformas que nos convierten en “capital humano” para una élite empresarial.
Por eso, este primero de septiembre, a solidarizarse y marchar con los maestros.




viernes, 28 de junio de 2013

La vigencia de George Orwell y 1984 en la era Obama

Por Emiliano Ruiz Parra

Ciudad de México  (28 junio 2013).-   En septiembre de 1945, George Orwell rentó una casa en Barnhill, en el norte de la isla de Jura, en Escocia, a donde se recluyó a escribir su obra maestra, la novela 1984. Desde Londres, el viaje a Barnhill tomaba 48 horas y la tienda más cercana estaba a 40 kilómetros de distancia: "Jura, pensaba Orwell, sería el último lugar al que afectaría el régimen que estaba proyectando para 1984", escribió su biógrafo Jeffrey Meyers.

En 1984, Orwell describió un régimen totalitario que vigilaba a cada uno de sus ciudadanos: "El Gran Hermano te observa", era la advertencia de la dictadura en la imaginaria Oceanía de Orwell. El Gran Hermano -Big Brother- era el mítico líder del partido en el poder.



Tras la revelación del analista de inteligencia Edward Snowden, el 6 de junio pasado, de que la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos es capaz de monitorear las comunicaciones electrónicas en todo el mundo, las ventas de 1984subieron 5 mil por ciento en el portal Amazon.

Consultados por REFORMA, el sociólogo Roger Bartra y los novelistas Jorge Volpi y Yuri Herrera destacaron la paradoja de que el sistema de monitoreo PRISM -por el que Estados Unidos almacena y analiza las comunicaciones privadas- se haya desarrollado en un país que afirma proteger las libertades individuales.

El paralelismo con la obra de Orwell, dijeron, no reside en que actualmente vivamos bajo una dictadura planetaria como la de 1984, sino en que la sociedad estadounidense haya aceptado este sistema de vigilancia a cambio de la promesa de mayor seguridad frente al terrorismo.

De acuerdo con Bartra, la caída del bloque socialista en 1991 hizo necesario que los Estados Unidos buscaran otros enemigos -reales e imaginarios- para generar mecanismos de cohesión y legitimidad.

Bartra: "La democracia está empezando a tener dificultades para legitimar su poder. Estados Unidos se rige por un sistema bipartidista ya muy desgastado y está estimulando la imaginación de los ciudadanos ante la existencia de poderes terroristas, malignos, que utilizan a personas como Julian Assange o Snowden para sus fines".

Según Bartra, la construcción del terrorismo como amenaza es un ejemplo perfecto de lo que él ha llamado "las redes imaginarias del poder político". Personajes como Assange, Bradley Manning o Edward Snowden formaron parte de esas redes pero "comprendieron lo que estaba pasando" y lo denunciaron.

En 1984, Orwell acuñó el verbo "doblepensar": un procedimiento en donde el discurso oficial creaba la realidad. Los libros de historia se reescribían de acuerdo con los dictados del Partido.

"Hay una hipocresía y un 'doblepensar' que es alarmante: los Estados Unidos cometen ilegalidades e inmoralidades (con el sistema de espionaje) y a pesar de eso denuncian a sus contendientes políticos (como Assange y Snowden) por haber infringido la ley".

Yuri Herrera, novelista mexicano que combina su residencia entre México y Estados Unidos, llamó la atención sobre el mismo fenómeno: "Es una operación orwelliana: invertir los términos con los que se designa algo: Snowden denuncia el espionaje y a él lo acusan de espionaje. Es una salida cínica del gobierno de Estados Unidos".

Desde 1961, Erich Fromm advirtió que la distopía orwelliana no sólo se aplicaba al bloque socialista sino también al Occidente capitalista. Apuntaba que era una contradicción que se le llamara "mundo libre" aun cuando existían las dictaduras militares de Sudamérica y los regímenes de Francisco Franco en España o de Antonio de Oliveira Salazar en Portugal, en ocasiones apoyados por Estados Unidos.

"Es paradójico y triste que esto ocurra en una administración como la de Obama y con un presidente que gozaba de enorme popularidad por enfrentarse a las medidas autoritarias de Bush", afirmó Volpi en entrevista. El novelista llamó la atención de que 56 por ciento de los estadounidenses -según una encuesta del Pew Center y el Washington Post- acepten la violación de sus comunicaciones: "la victoria del Gran Hermano no ocurre cuando un régimen decide vigilar sin tregua a sus ciudadanos, sino cuando éstos lo consideran normal", escribió en un artículo publicado en Reforma.

Para Herrera, Obama resultó una figura decepcionante por las expectativas que suscitó: "para empeorar las cosas es aún más orwelliano: el Gran Hermano nunca se presenta cínicamente sino como tu hermano, como la figura que te va a proteger".

Orwell afirmó: "Cada renglón que he escrito en serio desde 1936 fue creado, directa o indirectamente, en contra del totalitarismo y a favor del socialismo democrático". El escritor, nacido en la India de padres británicos, habría de morir de tuberculosis a los 46 años en 1950, un año después de que se publicara 1984.

Cuestionado sobre el silencio de los políticos mexicanos a la revelación de Snowden, Herrera lo comparó con la posición frente a la violencia: "Es muy al estilo priista: mientras no hablemos de ese problema podemos convencernos de que no está sucediendo".

Antes de colgar en la entrevista telefónica, Herrera bromeó:"Justo ahora voy a recoger mi visa para los Estados Unidos. No dudes que nos están oyendo. A ver si no me la cancelan". 

Publicado en Reforma el viernes 28 de junio de 2013.

miércoles, 8 de mayo de 2013

El papa negro

Por Emiliano Ruiz Parra

La piscina está seca desde hace 25 años y en su lecho yacen piedras, botellas de plástico y llantas quemadas. Al costado de la alberca se levantan ruinas que algún día fueron vestidores: en donde antes hubo regaderas, ahora hay paredes carcomidas. El hedor a orines ha reemplazado al aroma del shampú y el cloro.
            Son las instalaciones deportivas del Sindicato Minero en Minas de Barroterán, en la Región Carbonífera de Coahuila. En este pueblo muchas calles no están pavimentadas, no existen áreas verdes y el único cine cerró hace unos treinta años. La mayoría de sus habitantes trabajan en la minería.
            La Región Carbonífera atrajo la atención mundial el 19 de febrero de 2006, cuando un derrumbe en la mina Pasta de Conchos dejó atrapados a 65 trabajadores. Desde entonces, se han sumado unos 90 muertos más en la industria del carbón.
En el subsuelo yacen miles de toneladas de carbón que valen cientos de millones de dólares. Pero en la superficie el paisaje ofrece una imagen distinta: localidades como Barroterán son casi pueblos fantasma. Taludes enormes de escombro se amontonan en el campo y torbellinos de polvo negro surcan sus cielos. Por sus carreteras y terracerías circulan camionetas con hombres armados. Se ostentan como miembros de Los Zetas.
            En Barroterán vive una mujer que enfrenta esta adversidad con alegría y estupendo sentido del humor. Solía ser vecina de la Colonia del Valle, en la Ciudad de México, pero se mudó a este pueblo para defender los derechos humanos y laborales de los mineros. El 16 de marzo, de su cuello pendía una gargantilla de plata que hacía juego con sus aretes. Una sonrisa brillaba en su rostro, el rostro de la teóloga Cristina Auerbach: conversaba acerca de Jorge Mario Bergoglio, el arzobispo de Buenos Aires y primer “papa negro” de la Iglesia católica. Negro no por el tono de su piel —Bergoglio es un argentino hijo de inmigrantes piamonteses— sino por el color oscuro del hábito de los jesuitas.
Cristina también es jesuita. Aunque no hizo votos religiosos, se formó como teóloga en la Compañía de Jesús. Cuando conversamos en su casa de Barroterán, Auerbach se mostró entusiasmada con los gestos de Francisco. Y es que el papa logró una hazaña en sólo cinco días: que los críticos más duros del aparato eclesial lo recibieran con calidez y altísimas expectativas.
Por ejemplo, los teólogos Hans Küng y Leonardo Boff —cuyos libros fueron condenados por Joseph Ratzinger— se apresuraron a celebrar las expresiones de sencillez del nuevo pontífice, en particular que eligiera su nombre en conmemoración de san Francisco de Asís, cuya figura representa el amor a la naturaleza, la crítica a la burocracia eclesial y una opción preferencial por los pobres.
            Curiosamente, la jerarquía de la Iglesia había olvidado que Jesús era pobre: un albañil (y no sólo carpintero) analfabeta que vivió de su trabajo manual hasta los treinta años, y que no tenía ni dónde recargar la cabeza a la hora de dormir. Ese testimonio contrasta con las noticias que nos enteramos gracias a los Vatileaks —las filtraciones que salieron de la recámara del papa Benedicto— sobre el lavado de dinero en el Banco Vaticano y la corrupción de la curia romana.
            “No hay dos jesuitas iguales”, dice una frase conocida en la Iglesia. En efecto, la historia de los jesuitas ha sido pendular y azarosa. Por su estupenda formación como intelectuales y educadores, fueron la congregación más cercana a las élites durante siglos. En España, estuvieron cerca del dictador Francisco Franco. En México, sacerdotes jesuitas fueron el germen de grupos de ultraderecha como El Yunque y Los Tecos.
Pero en 1972 la congregación dio un giro de 180 grados y decidió volcarse hacia los pobres. Miles de jesuitas se fueron a vivir a los barrios obreros y se insertaron en las fábricas y comunidades indígenas: Cristina Auerbach es heredera de esa corriente. Es cierto que algunos jesuitas se mantuvieron en líneas conservadoras. Otros miembros de la Compañía de Jesús adoptaron una postura intermedia: ni conservadurismo elitista ni Teología de la Liberación. Entre estos últimos estuvo el cardenal Bergoglio, hoy papa Francisco.
            México, como América Latina, es un país de desigualdades. En Barroterán deambulan hombres en sillas de ruedas que cobran pensiones de tres mil pesos al mes después de que se accidentaron en las minas. Y sus hijos siguen bajando a los pocitos a extraer carbón con el riesgo de morir sepultados por un alud de piedras o una acumulación de gas metano. Mientras tanto el dueño de muchas de estas minas, Germán Larrea, alcanza el sitio cuarenta en la lista de Forbes.
            La elección del papa Francisco ya removió pasiones. Un ex legionario de Cristo, José Antonio Villasana —tan cercano Marcial Maciel que escribió su biografía autorizada— llamó “antipapa” a Francisco (http://www.ultimostiempos.org/7-noticias/142-profecias). De manera diametralmente opuesta, en Coahuila, el papa negro despertó la esperanza en una teóloga que cambió la Colonia del Valle por la dignificación de los mineros del carbón en la inclemente región carbonífera. El tiempo dirá si este jesuita de 76 años cumple con las expectativas de Küng, Boff y Auerbach.

Publicado en la revista Gente correspondiente a abril de 2013.

sábado, 6 de abril de 2013

Los conversos (Segunda columna de José Ramón Enríquez sobre #OvejasNegras)

Artículo de José Ramón Enríquez sobre el libro Ovejas negras, rebeldes de la Iglesia mexicana del siglo XXI, publicado el 6 de abril de 2013 en el diario Reforma.

Son mayoría los estudiosos que hoy ven a los pueblos como protagonistas de su historia, a diferencia de un pasado, no tan lejano, en que la historia se leía desde las vidas de seres especiales, que llegaban "providencialmente" a cambiar destinos.

El pueblo es el protagonista a pesar de estructuras que, como la jerarquía católica, se encierran en cesarismos que quisieran inexpugnables pero resultan demasiado manchados por corruptelas al peor estilo renacentista.

Los pueblos actúan, con todas las dificultades y lentitudes que se van encontrando, para empujar los cambios a regañadientes de pastores que quisieran ser más omnipotentes que el Todopoderoso.

Esto me lo subrayó un compañero de mesa, el padre Lugo, durante la presentación del libro de Emiliano Ruiz Parra, Ovejas negras. Rebeldes de la Iglesia mexicana del siglo 21, cuando yo calificaba como providenciales tanto al Papa bueno, Juan XXIII, como a Pablo VI, por haber convocado, uno, al Concilio Vaticano II y por haberlo llevado, el otro, a buen puerto con todas las dificultades y contradicciones que pudo haber en el camino.

No se puede negar la clarividencia de estos dos papas, pero los cambios, las reflexiones y las aperturas que la iglesia católica habría de experimentar, se habían venido gestando en el seno de las comunidades, en el pueblo de Dios, protagonista auténtico de su historia.

Esto es importante tomarlo en cuenta ahora que se espera tanto de los caminos que andará el papa Francisco. La olla de presión en que está convertida la estructura eclesial, desde su cúpula burocrática hasta los más "insignificantes" de sus bautizados, exigen cambios que, ojalá, sean comprendidos y llevados a cabo por otro papa bueno, el que hoy ha elegido llamarse como el poverello de Asís e inicia, con ello, una serie de signos que aplaude la mayoría de los católicos.

Y si no los comprende o si el exceso de prudencia amenaza con paralizarlo, ojalá que se deje convertir, como otros pastores, por el pueblo al que sirve. Como quiera que sea ese pueblo seguirá caminando en dimensiones temporales imprevisibles.

Y esta es una de las características que se repiten en los personajes cuyos perfiles traza Emiliano Ruiz Parra en su libro Ovejas negras: de una u otra forma son conversos.

De familia con aristocracia eclesial (sobrino de obispo y primo de los sacerdotes humanistas Méndez Plancarte) don Sergio Méndez Arceo, doctor en historia, publicaba el libro La Real y Pontificia Universidad de México, en 1952, el año en que fue nombrado obispo de Cuernavaca. Pero su pueblo y el Vaticano II lo convirtieron, dejó vuelos académicos y se metió a fondo en la historia hasta ser calificado por la derecha como Obispón Rojo.

A don Samuel Ruiz, obispo de San Cristóbal, que llegó a su diócesis tras ser padre espiritual de Seminario en zona cristera, lo convirtieron sus indígenas, quienes lo llamaron Tatic.

Y lo mismo habría de sucederle a Fray Raúl Vera OP: lo convirtió el pueblo indígena y pobre, en San Cristóbal, y en Saltillo sigue fiel al pueblo de Dios. Con eso no contaban quienes lo enviaron a suceder a Don Samuel, con las intenciones con que enviaron al Cardenal Posadas a desmontar la obra de Don Sergio. Sólo que el Cardenal no se dejó convertir.

Casi todos los personajes del libro de Emiliano Ruiz Parra, Ovejas negras (Océano, 2012), son conversos porque en la Iglesia las ovejas han convertido a sus pastores, desde su fundador que por ello fue crucificado y resucitó.


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lunes, 1 de abril de 2013

José Ramón Enríquez sobre Ovejas negras

Ovejas negras


Por José Ramón Enríquez

Emiliano Ruiz Parra, antiguo reportero de la fuente de "religión" en el REFORMA, ha publicado un libro con el título de Ovejas negras en Océano. Cabe destacar que Ruiz Parra no es creyente pero quedó tocado por el testimonio de una serie de "rebeldes de la Iglesia mexicana del siglo 21", como dice el subtítulo.

Fui invitado a presentarlo en Mérida, durante la Feria Internacional de la Lectura en Yucatán, y coincidió con la magnificencia incomparable de las puestas en escena de renuncias papales, sede vacante, cónclave, fumata bianca y habemus papam con que los medios saturaron la aldea global. Más global y más aldea que nunca.

Me resultó imposible no comparar todo aquello con escenarios llenos de la angustia del Sísifo camusiano, de soledad, valentía, de rechazo, esperanza contra toda esperanza o auténtica pobreza en que se mueven las figuras perfiladas en el libro. Puesto a escoger, siento muchísima mayor confianza en el negro de las ovejas agrupadas en el libro que en las pécoras rojas que entraron a votar a la Sixtina.

Se trata de "Los precursores", Don Sergio Méndez Arceo y Don Samuel Ruiz, participantes ambos en el Vaticano II; "Los Dolientes", Javier Sicilia, Alejandro Solalinde y Pedro Pantoja; "Los Defensores", Fray Raúl Vera, dominico, y Carlos Rodríguez, jesuita, y "Los disidentes sexuales", José Barba, y "sacerdotes casados y mujeres en el púlpito".

Obviamente, la disidencia sexual daba para más. En realidad, la lucha gay es reducida a Saltillo con la comunidad de San Elredo, pero el tema es mucho más amplio. Como muchísimo más lo es el de las mujeres, por ejemplo, Católicas por el Derecho a Decidir. Muy alejados de los vatileaks, vatisex o vatimoney los testimonios de este libro paradójicamente parten de otro vati, el Vaticano II, ese concilio que cumplió 50 años y da color a ovejas y pastores, según su mayor o menor fidelidad al espíritu conciliar o la infidelidad que ha distinguido a los últimos pontificados.

El trabajo de Emiliano retoma a voces principales pero detrás de ellos hay muchos. Somos muchos, me atrevo a decir, con todo el derecho que me da ser un bautizado y pertenecer a esta misma iglesia que no pensamos dejar en manos de una burocracia a la que espero llegue un papa del otro extremo del mundo a demoler, como el otro Francisco a reconstruir la Porciúncula.

Cuando todo podía ser un día alegre porque un papa latinoamericano y jesuita ha tomado el nombre humilde de Francisco, lo cual ha entusiasmado a Leonardo Boff, pesa sobre él, aún más que acusaciones políticas bien o mal respondidas, su acritud contra la comunidad gay tan lejana de aquel otro jesuita, el cardenal Martini. Los homosexuales, expulsados inclusive de entre quienes "están en la periferia de nuestro corazón".

Pero ni me extraña ni me asusta porque me tocó nacer y cruzar infancia y adolescencia bajo el pontificado de Pío XII, quien estuvo muy cómodo con Hitler y bendijo los aviones que bombardearon la España republicana, y oí decir al dominico Miguel Concha, cuando la visita de Juan Pablo II a México, que se acercaba una espiritualidad de invierno. Somos muchos los que siempre hemos estado viviéndola. Pero los inviernos pasan.

Las ovejas negras de este libro pueden no tener los micrófonos en la inmensidad de la Plaza de San Pedro, pero hablan y de sus voces es testigo Emiliano Ruiz Parra que, por si fuera poco, es un espléndido escritor y entrega los testimonios de una manera impecable.


panicoes@hotmail.com

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Columna de José Ramón Enríquez, publicada el 23 de marzo de 2013 en el diario Reforma.

viernes, 8 de marzo de 2013

SOLALINDE


By Emiliano Ruiz Parra

Translated by Emma Friedland

This article was originally published in Gatopardo in September 2011.

Translator’s Note: The word “migrant” is used here, in direct translation from the Spanish, even though “immigrant” is the term of use in the United States. In this context, “migrant” is better suited for its meaning of someone only passing through in search of work, as Central Americans are intending to do in their odyssey through Mexico.

The Path Jesus Took


Alejandro Solalinde drinks 30-peso cappuccinos and leaves 50 pesos tip. In his closet hang five white shirts with Mao-style collars and two guayaberas, which he himself washes and irons. He doesn’t have any suits, but the whiteness of his clothes is enough to convey cleanliness and order. His watch (a Casio Illuminator) is worth 150 pesos [less than $12 USD], and he hasn’t entered into the era of Smart Phone priests. Though he does spend a small fortune on prepaid cards for his cellular phones, on which he receives calls from the domestic and foreign press.

He sleeps in a hammock in a little room stuffed with the clothes, backpacks and books belonging to his collaborators, but he often gives up that space and throws a mattress on the ground on the patio, where he spends the night surrounded by his bodyguards. If a migrant arrives at the shelter with his feet all ripped up, Solalinde himself will go to the shoe store to buy the traveler a new pair of shoes identical to his own.

He doesn’t have a desk, or a secretary, or even an office. He receives company in a small living room under a thatched roof, and it ends up being impossible to sustain a conversation with him without the interruption every two minutes of someone asking him for soap, toilet paper, money, or a glass of water. He bathes in a tiny bathroom he shares with the shelter’s volunteers, by pouring over himself buckets full of water, in much the same way as toilets are flushed at the shelter. If a watermelon arrives among the donations from the Juchitán market, he’ll eat it, smiling, even though it’s rotten.

He’s looked after by four state policemen from the government of the state of Oaxaca, something to which he only agreed after [then-president] Felipe Calderón’s wife, Margarita Zavala, personally asked him. Yet there’s no per diem budget for the guards to follow him on his many travels. Such that, any further than the bus station in Ciudad Ixtepec – a small village of 25,000 inhabitants embedded in the middle of the state of Oaxaca, in the southeast of Mexico – he again becomes like a sheep for the wolves. He carries his clothes in a red and very low quality suitcase, that has lost its handle and wheels, and which keeps within reach his yellow towel.

Solalinde is one of those rare people who reinvent themselves and give their best after turning 60. For decades he wasn’t more than just a village priest, with all of the sacrifice and conviction that requires, but without much influence socially, politically or religiously. He earned two college degrees (in History and Psychology) in addition to his studies to become a priest and a Master’s in Family Therapy. He is a distracted administrator who would rather give money away than look after it, and he risks his life by opposing an industry within which the highest level politicians and organized crime conspire together, in the kidnapping of migrants.

He’ll never be made a bishop because he says what he thinks of his mother Church, namely that it is not faithful to Jesus but rather to power and money; that it is misogynistic and steps all over women and laypeople, and that it isn’t the exclusive representation of Christ on Earth.

At 61 years old he decided to open a shelter for migrants in Ixtepec, not just to intervene in human rights violations of Central and South Americans, but also to prepare for his own retirement. He had grown tired of the disputes among priests in the diocese of Tehuantepec, a region located on the peninsula of the same name, along Oaxaca’s Pacific coastline. He took two years sabbatical to study Psychology, against the advice of his bishop, who had told him it was useless since at his age he would not be able to retain the information, and he resigned indefinitely from the administration of a parish.

“Before getting into this whole migrant thing, I was a simple, run of the mill person, and an unknown. I chose [service to] the migrants because it [Ixtepec] would be a beautiful place to die in, for me to spend the last years of my life dedicated to anonymous, peaceful, and private service, and to retire in such a way,” related Alejandro Solalinde last June 29th in the Casa Lamm in Mexico City, where he inaugurated a work of art.
After visiting him in Ixtepec, Oaxaca at the beginning of June, I followed him on his continuous visits to Mexico City. On that occasion he attended the presentation of “Faces of Discrimination,” a show featuring fifty artists who, encouraged by Gabriel Macotela, donated their paintings to support the network of shelters that lodge Central American migrants in Mexico and defend their human rights.

After only four years of coordinating the shelter Brothers Along the Path (Hermanos en el Camino), Solalinde became one of the most notorious figures not only within the Catholic Church, but also among defenders of Human Rights. Thin, with a soft voice and courteous mannerisms, he is a magnet for controversy. He’s been accused of being a pollero [slang for trafficker of people] by the National Immigration Institute (INM); municipal authorities tried to burn him with gasoline along with the shelter; he has repeatedly received death threats; and he has asked for forgiveness for the Zetas Cartel, whose members he considers to be victims of a violent society. Risking his life, he has shed light on the holocaust suffered by undocumented Central Americans in Mexico, about whom nobody cares. In Central America he became a legend, to the point of being referred to as “the Mexican Romero,” alluding to Oscar Arnulfo Romero, the archbishop of San Salvador, El Salvador who was murdered by the dictatorship.

In every migrant that arrives at his shelter, Solalinde sees the face of Jesus. “They have taught me that the church itself is pilgrim and that I myself am a migrant. They have taught me such enormous faith: the hope, the confidence, the ability to pick oneself up, make oneself anew and stay the path. It would be fantastic if we as Catholics had the ability of the migrants to pick ourselves up after so many falls and keep walking down Christ’s path.”

The Accomplices (The Migration Holocaust)

In a Mexico that has returned to barbarism due to a dispute for drugs, there is no greater humanitarian tragedy than the exploitation of the Central American migrants. They are the easiest money: the kidnapping of each one of them brings in between $1,000 and $6,000 dollars profit and thousands or tens of thousands are kidnapped each year. The Central Americans can’t vote in Mexico, so no politician is concerned with them. They don’t send home remittances to Mexico, so the government doesn’t invest a cent in protecting them. They are not a pressure group, so the press only publishes their stories sporadically and anecdotally. They don’t leave even one peso of alms in the churches in the country, so only a marginal part of the Catholic Church looks after them, inhibited by the indifference of the ecclesiastical hierarchy.

Oscar Martinez, a young Salvadoran reporter, spent three years along the migrant routes and wrote a memorable book called The Migrants Who Don’t Matter: On the Journey with Undocumented Central Americans in Mexico (Icaria Press). Martinez documents how Mexico transitioned from attacks perpetrated by small local gangs in the states of Chiapas, Oaxaca, Tabasco and Veracruz to a full-blown industry of mass kidnapping; from thieves and rapists with machetes and pistols to Zeta commands with machine guns and accomplices in the authorities. This kidnapping boom coincided with the six-year presidential term of Felipe Calderón and the militarization of the fight against drug trafficking.

The National Commission on Human Rights (CNDH) is the only example in Mexico of the State making an effort to document the abuses committed against migrants. Between September 2008 and February 2009 the agency recorded 9,758 kidnappings; between April and September 2010, 11,333. But it is very likely that those statistics fall short considering the reality of the situation; because the biggest appeal of the business is that nobody will be called upon to give an explanation. Nobody looks for the disappeared migrants, and those who survived a kidnapping have a hard time reporting it due to the lack of trust in the Mexican authorities and the urgency to continue the journey northward.

The war against drug trafficking has spurred the official narrative of a confrontation between the forces of Order against the forces of Crime. On the government’s side are soldiers and good cops who protect society from the malignant lawbreakers fighting for control of the streets. Said hypothesis loses validity when it comes to the kidnappings and abuse of migrants. In the violations of the human rights of the undocumented, the authorities are often involved, whether the municipal, state, or ministerial police or also the federal police, immigration agents and, sometimes, members of the Army.

In 2010 Amnesty International published the report Invisible Victims in which the most often recurring adjective is “widespread,” used to describe the kidnappings, the rapes, the extortion, the murders, the disappearances and the complicity of the authorities. All are widespread, as is the indifference shown by various levels of government. Mexico is experiencing a “hidden epidemic” of kidnappings, especially along its borders and transit routes, in the states of Chiapas, Oaxaca, Tabasco, Veracruz and Tamaulipas.

The report states that the kidnappers capture “more than a hundred migrants” in each hit. Of 238 victims and witnesses who had testified to the CNDH, “91 of them declared that their kidnapping had been the direct responsibility of public officials, and another 99 of them observed that the police acted in cahoots with the kidnappers during their captivity.” The Amnesty International report also states how, “according to some experts, the danger of rape is of such a magnitude that the human traffickers often force the women to inject birth control before the trip, as a precaution against pregnancy arising from rape.”

The Amnesty International report tells not only of the abuses by the Federal Police, the [now-extinct] Federal Investigation Agency and the Army, but also of the Kafkian processes to which the victims are submitted if they dare try to press charges. Months go by before they are called in to give their statement – by which time many of the witnesses and victims have left either for the United States or their countries of origin, since during that time most live only off of the charity of the shelters. And if they are called in to identify the abusive policemen, they are given distorted photos in which the assailants have been made unrecognizable.

Whether in the testimonials collected by Oscar Martinez, or in the Amnesty International report, or in the stories I heard while at the Brothers Along the Path shelter in Ixtepec when I visited with the photographer Alex Dorfsman to write this article, the tales of the kidnappings are all equally cruel. Such as what I was told by Alberto, a Honduran who stayed to work as a handyman at the shelter with the hope of putting together the 3,000 dollars his family had paid for his ransom.

Alberto told of how the migrants are kidnapped in groups and brought to ranches and safe houses, where the telephone numbers of their relatives in Central America or the U.S. are demanded of them. Whoever does not give one up or does not have one is murdered on the spot. Alberto was captive for a week with nine other of his countrymen, who were all beaten with wooden planks [tablas] on the lower back (thus the slang verb “tablear” or “to plank” that is associated with the Zetas Cartel). He heard when two of them were executed because their families did not pay the ransom. Two others never reappeared. In total six survived the kidnapping and were freed, but their families were left with a catastrophic debt.

The Zetas, tells Oscar Martinez, don’t necessarily carry out the kidnappings, but rather absorb the local crime gangs and put them to work for them. They do the same with the authorities at all levels. The criminal organizations co-opt every link on the chain: Central Americans who pass for the undocumented along the way gaining the trust of the real migrants to get information out of them about their families; the local police, the federal authorities, the maras or Central American gangs, the small-time drug dealers, the taxi drivers, even the refreshment vendors who they employ as lookouts. And from there on up to the very top of the pyramid.

Alejandro Solalinde – whose name is the most cited in the Amnesty International report, with ten mentions – compares the abuse of the migrants to the oil industry. The Brothers Along the Path shelter, he says, is like a garden sitting atop a rich oil deposit that the political-criminal mafia wants to drill and exploit. And he points to Ulises Ruiz Ortiz, the former governor of the state of Oaxaca (2004-2010), as one of the heads of this mafia.

“With [the government of] Ulises Ruiz it is clear to me that they wanted to make a huge business out of the migrants, to gain from the sheer numbers by extorting, kidnapping, trafficking, everything. The mafia, from the governor on down to mayor and judicial police, saw how there was a bounty, that they [the migrants] could be their captive clients,” he told me.

Ruiz Ortiz targeted Solalinde’s shelter. Gabino Guzmán, the mayor of Ixtepec (2008-2010) who accompanied the mob that intended to burn it down, was one of the politicians on the take. When Ruiz Ortiz was governor, Solalinde was pressured by the delegate to the National Immigration Institute, Mercedes Gómez Mont, and his own bishop to close the shelter. In exchange they would give him another shelter a few kilometers away, on a piece of land far from the train tracks, where the migrants would never go, “and where we wouldn’t get in the way of the business of this official [the mayor] who was backed by his governor.”

“I told the bishop that I would accept because I would be thrilled to have two shelters and he clarified, ‘No, it will just be one.’” The ecclesiastical superior and Gómez Mont insisted. Solalinde pushed back. The federal official left furious and Solalinde questioned her to his bishop, who in turn responded, “Be careful that the powerful don’t use you against me.” The priest made this complaint to the magazine Esquila Misional (April, 2011), a publication of the Comboni missionaries, which is widely distributed among members of the Catholic Church.

The Brothers Along the Path shelter is part of a network of some 50 shelters, refuges, homes and parishes of members of the Catholic Church (priests, laypeople and volunteers without any religious affiliation) who offer some type of assistance to the Central Americans, or as Amnesty International put it, “the dorsal fin of support for the migrants.” The report continues,

“Thanks to their efforts there are many less migrants who succumb to the exhaustion, the exposure to the elements and hunger during the journey. They play a crucial role in the documentation of abuses committed by agents of the state and by particular individuals and groups and in encouraging the migrants to pursue justice. They also help to combat the xenophobia, which is sometimes rampant in the local communities.
Those who defend the migrants are themselves victims of frequent attacks.”

Solalinde claims that this is not just a question of a high-volume lucrative business, but also of a political strategy to do the dirty work for the United States, by containing undocumented immigration to the country through spreading fear. As Solalinde explains,

“The federal government – that of Felipe Calderón – has a policy with the United States. The U.S. is its ally and its friend, therefore he [Calderón] has to take responsibility and come through for his friend. Coming through means doing the dirty work, taking care of their backyard, and if it is a question of State policy, there also has to be a State strategy, which is the immigration policy being implemented with the migrants. Mexico can’t, because it would be embarrassing and because it doesn’t have the valor, build a wall once and for all and seal off the border [with Guatemala] because it knows that if that were to happen then it would have no basis for demanding that the wall be taken down in the North. Furthermore, it wouldn’t be able to demand the vindication of Mexican migrants in the North either. So what the country does instead is develop a State policy by way of collusion or omission, with the kidnappings,” Solalinde told Carlos Martínez – brother of Oscar – and reporter for the Salvadoran online newspaper El Faro.”

Behind the question of immigration lies a legal discussion. Is immigration a crime or a right? Until 2008, Mexican law punished undocumented immigration with up to ten years in prison. Mexico opted for a closed-door policy in regards to immigration but an open door one for emigration. Eleven percent of the Mexican population left for the United States, where irregular immigration is criminalized. In the defense of its own citizens, Mexico became a “leader in the protection of migrants,” as the ambassador Patricia Espinosa declared in October (2010). Yet the abuses against Central Americans are evidence of Mexican hypocrisy.

For Solalinde, migration is a right. In support of this principle, and in alliance with other human rights defenders, he put pressure on the Mexican Congress, which finally passed the Migration Law put into effect by Calderón on June 25th (of 2011). The law decriminalizes irregular immigration and establishes a “transmigrant visa” lasting 180 days, which will permit migrants on their way to the US to legally and safely cross through Mexico.

Even though even immigration experts are calling it the Solalinde Law, some of the priest’s key demands were not met, such as the call to abolish the National Immigration Institute (INM), a government body which Solalinde identifies as irrevocably corrupted by the kidnapping mafias. And even though the Transmigrant Visa is a fundamental victory, it still could just become void if the amendments being considered currently by the Executive Power put so much red tape into effect to essentially make it inapplicable.