sábado, 6 de abril de 2013

Los conversos (Segunda columna de José Ramón Enríquez sobre #OvejasNegras)

Artículo de José Ramón Enríquez sobre el libro Ovejas negras, rebeldes de la Iglesia mexicana del siglo XXI, publicado el 6 de abril de 2013 en el diario Reforma.

Son mayoría los estudiosos que hoy ven a los pueblos como protagonistas de su historia, a diferencia de un pasado, no tan lejano, en que la historia se leía desde las vidas de seres especiales, que llegaban "providencialmente" a cambiar destinos.

El pueblo es el protagonista a pesar de estructuras que, como la jerarquía católica, se encierran en cesarismos que quisieran inexpugnables pero resultan demasiado manchados por corruptelas al peor estilo renacentista.

Los pueblos actúan, con todas las dificultades y lentitudes que se van encontrando, para empujar los cambios a regañadientes de pastores que quisieran ser más omnipotentes que el Todopoderoso.

Esto me lo subrayó un compañero de mesa, el padre Lugo, durante la presentación del libro de Emiliano Ruiz Parra, Ovejas negras. Rebeldes de la Iglesia mexicana del siglo 21, cuando yo calificaba como providenciales tanto al Papa bueno, Juan XXIII, como a Pablo VI, por haber convocado, uno, al Concilio Vaticano II y por haberlo llevado, el otro, a buen puerto con todas las dificultades y contradicciones que pudo haber en el camino.

No se puede negar la clarividencia de estos dos papas, pero los cambios, las reflexiones y las aperturas que la iglesia católica habría de experimentar, se habían venido gestando en el seno de las comunidades, en el pueblo de Dios, protagonista auténtico de su historia.

Esto es importante tomarlo en cuenta ahora que se espera tanto de los caminos que andará el papa Francisco. La olla de presión en que está convertida la estructura eclesial, desde su cúpula burocrática hasta los más "insignificantes" de sus bautizados, exigen cambios que, ojalá, sean comprendidos y llevados a cabo por otro papa bueno, el que hoy ha elegido llamarse como el poverello de Asís e inicia, con ello, una serie de signos que aplaude la mayoría de los católicos.

Y si no los comprende o si el exceso de prudencia amenaza con paralizarlo, ojalá que se deje convertir, como otros pastores, por el pueblo al que sirve. Como quiera que sea ese pueblo seguirá caminando en dimensiones temporales imprevisibles.

Y esta es una de las características que se repiten en los personajes cuyos perfiles traza Emiliano Ruiz Parra en su libro Ovejas negras: de una u otra forma son conversos.

De familia con aristocracia eclesial (sobrino de obispo y primo de los sacerdotes humanistas Méndez Plancarte) don Sergio Méndez Arceo, doctor en historia, publicaba el libro La Real y Pontificia Universidad de México, en 1952, el año en que fue nombrado obispo de Cuernavaca. Pero su pueblo y el Vaticano II lo convirtieron, dejó vuelos académicos y se metió a fondo en la historia hasta ser calificado por la derecha como Obispón Rojo.

A don Samuel Ruiz, obispo de San Cristóbal, que llegó a su diócesis tras ser padre espiritual de Seminario en zona cristera, lo convirtieron sus indígenas, quienes lo llamaron Tatic.

Y lo mismo habría de sucederle a Fray Raúl Vera OP: lo convirtió el pueblo indígena y pobre, en San Cristóbal, y en Saltillo sigue fiel al pueblo de Dios. Con eso no contaban quienes lo enviaron a suceder a Don Samuel, con las intenciones con que enviaron al Cardenal Posadas a desmontar la obra de Don Sergio. Sólo que el Cardenal no se dejó convertir.

Casi todos los personajes del libro de Emiliano Ruiz Parra, Ovejas negras (Océano, 2012), son conversos porque en la Iglesia las ovejas han convertido a sus pastores, desde su fundador que por ello fue crucificado y resucitó.


Correo de José Ramón Enríquez: panicoes@hotmail.com

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lunes, 1 de abril de 2013

José Ramón Enríquez sobre Ovejas negras

Ovejas negras


Por José Ramón Enríquez

Emiliano Ruiz Parra, antiguo reportero de la fuente de "religión" en el REFORMA, ha publicado un libro con el título de Ovejas negras en Océano. Cabe destacar que Ruiz Parra no es creyente pero quedó tocado por el testimonio de una serie de "rebeldes de la Iglesia mexicana del siglo 21", como dice el subtítulo.

Fui invitado a presentarlo en Mérida, durante la Feria Internacional de la Lectura en Yucatán, y coincidió con la magnificencia incomparable de las puestas en escena de renuncias papales, sede vacante, cónclave, fumata bianca y habemus papam con que los medios saturaron la aldea global. Más global y más aldea que nunca.

Me resultó imposible no comparar todo aquello con escenarios llenos de la angustia del Sísifo camusiano, de soledad, valentía, de rechazo, esperanza contra toda esperanza o auténtica pobreza en que se mueven las figuras perfiladas en el libro. Puesto a escoger, siento muchísima mayor confianza en el negro de las ovejas agrupadas en el libro que en las pécoras rojas que entraron a votar a la Sixtina.

Se trata de "Los precursores", Don Sergio Méndez Arceo y Don Samuel Ruiz, participantes ambos en el Vaticano II; "Los Dolientes", Javier Sicilia, Alejandro Solalinde y Pedro Pantoja; "Los Defensores", Fray Raúl Vera, dominico, y Carlos Rodríguez, jesuita, y "Los disidentes sexuales", José Barba, y "sacerdotes casados y mujeres en el púlpito".

Obviamente, la disidencia sexual daba para más. En realidad, la lucha gay es reducida a Saltillo con la comunidad de San Elredo, pero el tema es mucho más amplio. Como muchísimo más lo es el de las mujeres, por ejemplo, Católicas por el Derecho a Decidir. Muy alejados de los vatileaks, vatisex o vatimoney los testimonios de este libro paradójicamente parten de otro vati, el Vaticano II, ese concilio que cumplió 50 años y da color a ovejas y pastores, según su mayor o menor fidelidad al espíritu conciliar o la infidelidad que ha distinguido a los últimos pontificados.

El trabajo de Emiliano retoma a voces principales pero detrás de ellos hay muchos. Somos muchos, me atrevo a decir, con todo el derecho que me da ser un bautizado y pertenecer a esta misma iglesia que no pensamos dejar en manos de una burocracia a la que espero llegue un papa del otro extremo del mundo a demoler, como el otro Francisco a reconstruir la Porciúncula.

Cuando todo podía ser un día alegre porque un papa latinoamericano y jesuita ha tomado el nombre humilde de Francisco, lo cual ha entusiasmado a Leonardo Boff, pesa sobre él, aún más que acusaciones políticas bien o mal respondidas, su acritud contra la comunidad gay tan lejana de aquel otro jesuita, el cardenal Martini. Los homosexuales, expulsados inclusive de entre quienes "están en la periferia de nuestro corazón".

Pero ni me extraña ni me asusta porque me tocó nacer y cruzar infancia y adolescencia bajo el pontificado de Pío XII, quien estuvo muy cómodo con Hitler y bendijo los aviones que bombardearon la España republicana, y oí decir al dominico Miguel Concha, cuando la visita de Juan Pablo II a México, que se acercaba una espiritualidad de invierno. Somos muchos los que siempre hemos estado viviéndola. Pero los inviernos pasan.

Las ovejas negras de este libro pueden no tener los micrófonos en la inmensidad de la Plaza de San Pedro, pero hablan y de sus voces es testigo Emiliano Ruiz Parra que, por si fuera poco, es un espléndido escritor y entrega los testimonios de una manera impecable.


panicoes@hotmail.com

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Columna de José Ramón Enríquez, publicada el 23 de marzo de 2013 en el diario Reforma.